Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Sofía Paricio, 22 de abril de 2026.
Ahora estaba haciendo números: hace casi un cuarto de siglo que trabajo en Parques Naturales. El primer parque donde trabajé fue el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Lo quiero mucho y le tengo mucho cariño porque allí pasé por muchos puestos de trabajo.
Empecé haciendo sustituciones en la administración, después de informadora en el Coll d’Estenalles. Luego fui coordinadora de los informadores, estuve de guardia en el Montcau, de guarda forestal y, finalmente, de técnica de uso público y educación ambiental. Allí estuve unos 4 o 5 años y, de ahí, pasé al Montseny, después al Garraf y al Foix, y fui ascendiendo gracias a aprobar oposiciones. Ahora soy la jefa de desarrollo socioeconómico de toda la Red de Parques Naturales.
Una de las tareas a las que dedico más tiempo es la coordinación de todos los parques que tienen la Carta Europea de Turismo Sostenible. Con esta excusa, os explicaré un poco qué hacemos y cómo gestionamos estos espacios.
Bueno, os quería hacer una pregunta muy simple: ¿cuándo fue la última vez que visteis un cielo realmente oscuro? Ya no nos acordamos. Es verdad: cada vez es más difícil, y esto también pasa dentro de los espacios naturales.
Cuando hablamos de parques naturales, a menudo pensamos solo en el paisaje, pero en realidad lo que intentamos proteger es un equilibrio. La conservación es nuestro ADN: gestionamos los parques naturales para conservarlos, pero también tenemos que tener en cuenta el uso público, es decir, que la gente pueda acceder y disfrutar de la naturaleza.
También es muy importante el desarrollo socioeconómico, porque si la gente que vive o trabaja allí no puede ganarse la vida, acabará marchándose y el paisaje cambiará. Si no tenemos pastores, si no tenemos gente que trabaje la tierra o el bosque, aquel ecosistema que queremos conservar desaparecerá.
Y hay otro elemento clave: la gobernanza y la participación. Ya no se pueden hacer las cosas solos, como cuando yo empecé hace 25 años. Antes, en el parque teníamos un presupuesto y planificábamos el año; como mucho, una o dos veces lo compartíamos con los alcaldes y les decíamos qué haríamos. Ahora esto ya no funciona así. El dinero es público, es de todos, y todo lo que hacemos tiene que ser participativo. Hace falta gobernanza. Por tanto, es un equilibrio entre naturaleza y personas, entre uso y conservación.
Pongámonos en contexto: ¿por qué se han protegido estos territorios y de qué? Si comparamos ortofotografías de 1946 y de 2015, vemos claramente el cambio. En 1946 había muy poca construcción; en cambio, en 2015 las urbanizaciones llegan prácticamente hasta el límite del parque.
Hay una gran presión de población en toda el área metropolitana de Barcelona. Cuando la Diputación detectó esto, apostó por gestionar y proteger estos espacios, evitando una urbanización continua.
En Cataluña, más de 3 millones de personas se concentran en un 10% del territorio, y casi el 75% de la población vive en la provincia de Barcelona. Esto explica la gran presión sobre los espacios naturales y la importancia de su gestión.
La Red de Parques Naturales de la Diputación gestiona actualmente 13 espacios naturales, más de 100.000 hectáreas y un centenar de municipios. Esto implica mucha coordinación y gobernanza, ya que cerca del 90% del territorio es privado. Además, hay diferentes modelos de gestión: algunos parques son de gestión directa, pero otros funcionan mediante consorcios con ayuntamientos o la Generalitat.
En la provincia de Barcelona hay espacios como el Montseny, el Montnegre y el Corredor, la Serralada Litoral, la Serralada de Marina, Collserola, el Garraf, el Foix, Sant Miquel del Fai y Sant Llorenç del Munt i l’Obac (figura 1).
Figura 1. Parques Naturales de la provincia de Barcelona
Centraré la presentación en Sant Llorenç del Munt i l’Obac, porque es el que tenéis más cerca. Además, como asociación astronómica, formáis parte de la Carta Europea de Turismo Sostenible de este parque.
¿Os habéis preguntado alguna vez por qué la Diputación gestiona parques naturales? En los años 70 ya se detectó la presión urbanística sobre el territorio. Como la Diputación tenía competencias en urbanismo, se utilizó la Ley del suelo de 1956 para redactar planes especiales de protección.
El primero fue el de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en 1972, convirtiéndose en el primer parque natural de España creado a partir de una ley urbanística. Después, la Generalitat lo ratificó en 1987.
Estos planes especiales definen qué valores hay que proteger y cómo compatibilizar la conservación con el uso público y el desarrollo socioeconómico.
Hoy, el parque tiene casi 14.000 hectáreas, 12 municipios y 3 comarcas. Pero nos encontramos con un reto: tenemos más visitantes que nunca. Los parques se han convertido en espacios de ocio, deporte, salud y cultura, y esto genera mucha presión. ¿Cómo lo gestionamos?
Los objetivos principales son proteger los valores naturales, agrícolas, forestales, culturales y paisajísticos; equilibrar la conservación con el desarrollo socioeconómico; fomentar la educación ambiental; ordenar el uso público y promover la gobernanza participativa. En definitiva, nuestra misión es promover el conocimiento y el disfrute de los espacios naturales de manera compatible con su conservación. Y nuestra visión es conservarlos de manera óptima para que perduren en el futuro.
Cataluña representa solo el 0,7 % del territorio europeo —ni siquiera llega al 1 %—, pero contiene el 26 % de todas las especies identificadas en la Unión Europea, tanto de flora como de fauna. Tenemos más de 680 hábitats solo en Cataluña. La biodiversidad que tenemos es tan importante que tenemos la responsabilidad de garantizar este equilibrio y esta conservación. Y la mayoría de estas especies se encuentran dentro de los parques naturales.
¿Por qué es importante la biodiversidad? ¿Por qué le damos tanta importancia a tener tantas especies y ecosistemas? Porque la biodiversidad es la responsable de garantizar el equilibrio de los ecosistemas a escala global. Y la especie humana depende de ella para sobrevivir. Nosotros dependemos de la naturaleza. No solo la utilizamos: somos naturaleza. Si la dañamos, nos dañamos a nosotros mismos.
También hay otro aspecto importante, sobre todo cuando hablamos con responsables políticos —que a menudo cambian y no siempre tienen todos los conocimientos. Encontré un estudio que dice que por cada euro invertido en la Red Natura 2000 se obtiene un beneficio bruto de 22 euros. Es muy importante tener datos y números para poder explicar y convencer de que invertir en la gestión de los parques naturales y en biodiversidad es rentable. Además, sin contar otros beneficios como la salud, la fijación de población o la lucha contra el cambio climático.
Si nos centramos en el patrimonio natural del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, en cuanto a la flora, la vegetación predominante es el encinar, el pino blanco y el pino rojo. Pero hay un elemento muy distintivo: las codinas. Las codinas que encontramos en el Montcau, la Mola o los Cortins.
Cuando subimos al Montcau hay zonas con muy poca vegetación, con pequeñas plantas y florecillas. Pues esto es muy importante, porque aquí se encuentran endemismos de flora protegida, como la arenaria del Montcau (Arenaria fontqueri subsp. cavallinesiana).
En las codinas y acantilados también crecen otras plantas de interés, como la oreja de oso, la corona de reina o la cargola de roca. El narciso, esa flor tan característica, se encuentra en los encinares de zonas más altas, por encima de los 800 metros. Es decir, en lugares que parecen pobres en vegetación y por donde pasa mucha gente, hay una biodiversidad muy valiosa (figura 2).
Figura 2. Paisaje del Parque Natural de St. Llorenç del Munt i l’Obac
He puesto solo algunos ejemplos. También en cuanto a la fauna tenemos especies emblemáticas como el águila perdicera o el halcón peregrino, así como especies de espacios abiertos como la cogujada común o la curruca rabilarga.
También hay caracoles —teníamos un guarda en el Garraf experto en caracoles, probablemente de los mejores de Europa—, murciélagos que invernan en las cuevas, muchos invertebrados, mariposas, el barbo de montaña... Tenemos una fauna muy rica.
Para gestionar toda esta flora y fauna necesitamos conocimiento. Y este conocimiento se obtiene a través de seguimientos de especies, estudios y recogida de datos. Tenemos muchos convenios con la Universidad de Barcelona, y Sant Llorenç ha sido un centro de monitorización de la biodiversidad de montañas mediterráneas. También trabajamos con la Red de Seguimiento Fenológico de Cataluña y el Servicio Meteorológico.
Un proyecto muy interesante es el proyecto Tech4Nature, de la UICN y Huawei. Utiliza tecnología —como sensores, cámaras e inteligencia artificial— para entender cómo las actividades humanas afectan a la fauna del parque.
Esto nos permite tomar decisiones más precisas y pasar de gestionar por intuición a gestionar con datos. El hecho de que una empresa como Huawei haya invertido recursos en este proyecto en el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac demuestra su importancia.
Pero el parque no es solo un paisaje bonito: es un sistema muy complejo, con geología, hábitats, fauna e historia humana.
También tenemos un patrimonio cultural muy importante: un paisaje construido a lo largo del tiempo por la actividad humana. Hay masías, barracas de viña, tinas de piedra seca, la Mola, el Marquet de les Roques, el Puig de la Balma...
Todo este patrimonio nos ayuda a entender el territorio actual. Hay usos que han desaparecido, y esto ha cambiado el equilibrio: ahora hay más bosques y nuevos retos de gestión.
Algunas estructuras, como las barracas o las tinas, han pasado de ser elementos agrícolas a recursos turísticos.
Los tiempos cambian, pero esto también genera oportunidades para integrar este patrimonio dentro del desarrollo socioeconómico, siempre sin perder de vista la conservación.
El paisaje de Sant Llorenç no es solo naturaleza: es un paisaje cultural que explica cómo se ha vivido el territorio y cómo está evolucionando. Este es el escenario: paisaje, naturaleza, patrimonio cultural… y el uso público (figura 3).
Figura 3. Uso público del Parque natural.
El uso público es el conjunto de actividades, servicios y equipamientos que facilitan la visita a los espacios naturales. Según Europarc, estos servicios tienen que garantizar el derecho de la ciudadanía a acceder a la naturaleza, pero de manera ordenada, segura y compatible con la conservación. Es un derecho, pero también un deber.
Tenemos muchos ejemplos de uso público: actividades que permiten disfrutar del territorio intentando que sean compatibles con la preservación. El gran reto es regular la afluencia de visitantes y ofrecer servicios para que tengan una buena experiencia, sin comprometer el medio.
Por ejemplo, conocí a Carles y a Rat, que gestionaban un equipamiento del Parque del Garraf: un observatorio astronómico. Desde el principio, la Diputación no solo ha protegido espacios, sino que también ha adquirido fincas y equipamientos para rehabilitarlos y darles nuevos usos. Muchas masías se han recuperado para educación ambiental o uso público. En el caso de Can Tòfol, por ejemplo, es una casa de colonias con observatorio y también alojamiento rural. La propiedad es de la Diputación, pero la gestión la hace una empresa del territorio, fomentando así el desarrollo socioeconómico.
Todo ello es un gran reto, porque compatibilizar uso público y conservación no es fácil. Por ejemplo, en las codinas del Montcau se han tenido que poner cuerdas para que la gente no salga de los caminos y no dañe la vegetación.
También estamos promoviendo una manera diferente de visitar los parques: más pausada y respetuosa. Hace unos años hubo un boom de las carreras de ultra trail, pero desde los parques se empezó a regular.
Ahora trabajamos en una línea más vinculada a la salud y el bienestar, con el Plan estratégico de naturaleza, salud y bienestar de la Red de Parques. Estamos convencidos de que el contacto regular con la naturaleza, junto con la actividad física, tiene beneficios directos para la salud.
Observar el cielo, como hacéis vosotros, concentrados en la naturaleza, también es salud y bienestar. Hace años que observo aves, y está demostrado científicamente que este tipo de actividad reduce el estrés. Seguro que vuestras observaciones nocturnas también tienen ese efecto. Y es en esta línea que estamos trabajando actualmente en la Red de Parques Naturales.
Por otro lado, actualmente me dedico sobre todo al turismo sostenible. Como la sociedad ha cambiado y ya no tenemos tanta agricultura, gran parte del desarrollo socioeconómico de los parques se basa en un turismo y una visitación sostenibles.
¿Qué busca el turismo sostenible? Pues que sea ecológicamente compatible —siempre repetimos el mismo mensaje: proteger la biodiversidad—, que sea socialmente integrador, que ponga en valor la cultura y la población local, y que sea económicamente viable, generando actividad a largo plazo vinculada al territorio.
La Carta Europea de Turismo Sostenible es una iniciativa de Europarc, la federación de parques naturales de Europa. Lo que hace es ayudar a los espacios naturales a planificar y gestionar el turismo, pero con un elemento clave: se hace de manera participativa.
El turismo sostenible se basa en priorizar la protección, generar beneficios en el territorio, implicar a todos los agentes, planificar de manera efectiva y apostar por la mejora continua.
La Carta tiene tres fases. La primera es la acreditación del parque. En el caso de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, fue en 2011. En esta fase se analiza todo el territorio —el parque y los municipios de su entorno— y se hace un diagnóstico de la situación en términos de sostenibilidad y turismo. A partir de aquí, se define una estrategia a cinco años y un plan de actuaciones, también a cinco años, siempre de manera participativa.
La segunda fase es cuando entran las empresas. El parque y la Diputación pueden hacer muchas cosas, pero necesitamos la colaboración del territorio. Aquí es donde entráis vosotros. Por ejemplo, este año se ha incorporado la Agrupación Astronómica de Sabadell.
En esta fase, las empresas también hacen su diagnóstico de sostenibilidad y definen un plan de actuaciones —en este caso, a tres años— con acciones de mejora.
Un aspecto importante es que las subvenciones de la Diputación están vinculadas a estas actuaciones. Por ejemplo, estas sillas nuevas que tenéis son gracias a este programa. Cada año podéis acceder a ayudas para mejorar vuestra actividad.
Es verdad que os pedimos cosas —planes, compromisos—, pero también intentamos compensarlo con apoyo económico y técnico para que podáis ser cada vez más sostenibles.
La tercera fase es la incorporación de las agencias de viaje. Cuando ya tenemos un conjunto de empresas (alojamientos rurales, empresas de actividades, restaurantes, productores...), se pueden crear paquetes turísticos conjuntamente con el territorio.
Esto permite, por ejemplo, que una familia que viene de fuera pueda hacer una estancia combinando diferentes parques naturales: unos días en el Pirineo, otros en el Delta del Ebro y acabar en Sant Llorenç del Munt i l’Obac.
Trabajamos en red. Desde 2001, cuando se inició en la Zona Volcánica de la Garrotxa, el objetivo de la Generalitat y la Diputación es gestionar los parques con esta metodología, porque es la más participativa. Actualmente hay varios espacios acreditados y centenares de empresas adheridas. La idea es que todo el territorio trabaje con este modelo.
Pero, ¿cómo concretamos toda esta gestión? ¿Cómo conservamos la biodiversidad y ordenamos el uso público? Gestionar significa poner límites, ordenar accesos, definir itinerarios, trabajar la movilidad (transporte público, aparcamientos), ofrecer información... Todo esto para reducir el impacto ambiental y hacer el territorio más sostenible.
También hay regulaciones temporales, por ejemplo para la escalada o la espeleología, para proteger especies como el halcón peregrino o el águila perdicera durante la época de nidificación. Y un elemento clave es la educación ambiental. Creemos que es la base para garantizar el futuro de los parques.
También hacemos estudios para analizar la capacidad de acogida (no le decimos “carga”) de los espacios: afluencia de visitantes, usos, perfiles... Utilizamos ecocontadores y otras herramientas.
Zonas como la Mola o el Montcau concentran mucha gente, y se han tomado medidas para preservar el espacio: mejora de caminos, regulación de accesos, ordenación de aparcamientos, gestión de residuos y agua... Hay que tener en cuenta que son espacios sin infraestructuras básicas como alcantarillado o agua corriente, y esto genera limitaciones.
También trabajamos para compatibilizar usos: turismo, agricultura, ganadería... fomentando paisajes productivos, previniendo incendios y poniendo en valor el producto local (enoturismo, piedra seca, etc.).
Los impactos del turismo son visibles —erosión, degradación del suelo, pérdida de vegetación—, pero también los hay invisibles. La fauna también se ve afectada: muchas especies han cambiado sus hábitos por la presencia humana. Animales que antes eran diurnos han pasado a ser nocturnos para evitar personas, ruido y vehículos. También hay problemas como la transmisión de enfermedades (por ejemplo, por restos de alimentos) o la habituación de los animales a las personas, como zorros que se acercan porque alguien les ha dado comida. Todo esto altera los ecosistemas.
¿Qué hemos aprendido? Sobre todo, la importancia de la gobernanza. Quizás las decisiones son más lentas, pero cuando son consensuadas, funcionan mejor.
¿Hacia dónde vamos? Hacia más regulación, más educación ambiental y un modelo de visitante más consciente. Apostamos por experiencias guiadas, más enriquecedoras y controladas. También incorporamos nuevos valores: naturaleza y salud, y el cielo nocturno como patrimonio. La oscuridad también es un recurso natural y un indicador ambiental.
Y esto nos lleva a mirar el parque desde otra perspectiva: la vuestra. ¿Qué pasa cuando se hace de noche? Hasta ahora hemos hablado del día, pero los ecosistemas funcionan 24 horas. Por la noche también hay procesos ecológicos clave. Por la noche hay vida.
Muchas especies dependen de la oscuridad: murciélagos, aves nocturnas, insectos... La noche forma parte del equilibrio ecológico. Pero también hay impactos. La contaminación lumínica tiene efectos reales: afecta a murciélagos, aves nocturnas e insectos. La luz artificial no se queda en las ciudades: se esparce y llega a los espacios naturales, alterando los ritmos naturales. Por ejemplo, los insectos son atraídos por la luz, se desorientan y desaparecen de su hábitat. Esto provoca un efecto en cadena: menos insectos, menos alimento para otras especies, cambios en los ecosistemas y pérdida de biodiversidad. En definitiva, no solo ocupamos el espacio: alteramos el funcionamiento de los ecosistemas.
Así que, cuando protegemos un parque —ahora lo tengo claro después de preparar esta charla—, protegemos el paisaje, la biodiversidad y las personas, pero también tendremos que proteger la oscuridad. La noche es parte del ecosistema. La luz es una presión ambiental más y hay que gestionarla igual que gestionamos otros usos. Pero también puede ser una oportunidad.
Yo continúo con mi tema: el astroturismo. El astroturismo puede ser una manera de poner en valor el cielo nocturno si se hace bien. Es una actividad de bajo impacto, desestacionalizada, que da valor al cielo nocturno. No necesita grandes infraestructuras, no transforma el territorio y, en cambio, genera una experiencia muy potente. Y tiene un gran potencial.
Al final, gestionar un parque es proteger lo que vemos, pero también lo que no vemos. Quizás en un futuro uno de los indicadores de calidad de un parque natural será si aún podemos ver las estrellas.
Coloquio
Muy interesante eso de la protección del cielo nocturno. Yo empezaría, por ejemplo, por evitar iluminar muros de un castillo, cuatro piedras, ermitas o monasterios donde por la noche no va nadie. Creo que todo eso se debería evitar.
Lo que necesitamos de vosotros —y esta presentación me ha ido muy bien para darme cuenta— es participación. Ahora estamos renovando el plan de actuaciones de los próximos cinco años en Sant Llorenç, y como se tienen que definir nuevas acciones, personas como Carles o Ángel podrán aportar estas inquietudes.
¿Existen sanciones?
Sí, existen. Si alguien arranca una especie protegida o hace acciones prohibidas, puede ser sancionado. Pero el problema es que no siempre se pilla a la gente. Antes, los guardas no podían sancionar directamente; ahora sí, son agentes de la autoridad. Aun así, la clave sigue siendo la educación ambiental.
¿Se hacen actividades en los parques naturales?
Sí, se hacen actividades guiadas, también de observación de aves, incluyendo ciencia ciudadana y censos nocturnos con especialistas. En la web de la Diputación está la agenda de los parques, con actividades cada fin de semana. Muchas las organizan empresas adheridas a la Carta Europea.