Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Eduard Farré, 11 de marzo de 2026
En esta conferencia hablaré de una persona concreta: el monje Miquel Piqué y su obra. Piqué es conocido por haber construido varios astrolabios en el siglo XVI. Su producción no es muy extensa, pero sí extraordinariamente interesante, tanto desde el punto de vista científico como artístico.
Antes de entrar en la figura de Piqué, conviene explicar brevemente qué es un astrolabio y para qué sirve este instrumento.
Qué es un astrolabio
El astrolabio es un instrumento astronómico antiguo que permite representar el cielo y simular el movimiento de los astros. Durante siglos fue utilizado por astrónomos, navegantes y estudiosos para calcular la posición de las estrellas, determinar la hora o conocer qué astros serían visibles en un momento determinado.
El instrumento está formado por varias partes principales. El cuerpo central es la matriz o mater, una pieza circular que funciona como una caja. En su interior se colocan unas placas intercambiables llamadas láminas o tympans. Cada lámina está calculada para una latitud determinada, porque la posición del horizonte y del cielo visible cambia según el lugar desde donde se observa.
Encima de las láminas está la rete o araña, una estructura calada que representa el mapa de las estrellas. Esta pieza gira sobre la lámina fija y permite simular el movimiento aparente del cielo. También encontramos una regla, que sirve para marcar la posición del Sol sobre el zodíaco, y en la parte posterior una alidada, con la cual se pueden medir alturas de astros sobre el horizonte.
Las láminas representan una proyección del cielo visible desde una latitud concreta: en ellas aparecen el horizonte, los círculos de altura y los azimuts. La rete, en cambio, representa la posición de las estrellas fijas. Cuando hacemos girar esta pieza sobre la lámina, podemos reproducir el movimiento del firmamento.
Figura 1. Astrolabio desmontado donde se pueden ver las diferentes piezas
Con este mecanismo se pueden hacer muchas operaciones: saber a qué hora saldrá o se pondrá el Sol, qué constelaciones serán visibles durante la noche o calcular la altura de un astro observado.
La rete o araña es la parte más artística del astrolabio. Cada punto indicador corresponde a una estrella, pero estas puntas deben estar sujetas por una estructura metálica que no tape excesivamente el dibujo inferior. Esto obligaba a los constructores a diseñar entramados muy elaborados.
En una época en la que no existía el papel transparente, era necesario crear una estructura que permitiera sostener los indicadores de las estrellas y al mismo tiempo dejar ver las líneas de la lámina inferior. Este equilibrio entre funcionalidad y transparencia generaba verdaderas obras de arte.
Muchas arañas son auténticas filigranas metálicas: cada estrella tiene su indicador, pero al mismo tiempo la estructura mantiene una gran elegancia visual.
Figura 2. Araña de un astrolabio construida por Piqué
El uso del astrolabio
El uso del astrolabio puede parecer complejo, pero en realidad se basa en operaciones relativamente sencillas.
Por ejemplo, si queremos saber la posición del Sol en una fecha determinada, primero consultamos la parte posterior del instrumento para encontrar su posición dentro del zodíaco. Después colocamos la regla sobre ese punto y ajustamos la rete.
A partir de aquí podemos simular el movimiento del cielo: si hacemos girar la araña hasta que el Sol coincida con el horizonte occidental, sabremos a qué hora se pondrá. Si lo colocamos en el horizonte oriental, obtenemos la hora de salida.
De la misma manera podemos saber qué estrellas aparecerán en el cielo en una noche concreta o a qué hora saldrá una constelación determinada.
El astrolabio es, en esencia, un simulador analógico del cielo.
En estas webs encontraréis dos simuladores de astrolabios:
https://www.astrolabeproject.com/sim/astrolabe/sim.html
https://alexboxer.com/astrolabe/
El monje Miquel Piquer
Una vez presentado el instrumento, podemos hablar de su autor. De la vida de Miquel Piqué sabemos muy poco. La mayor parte de la información procede de los propios astrolabios que fabricó.
Sabemos que era monje del monasterio de Santes Creus, en Cataluña. Probablemente nació hacia el año 1500, a inicios del siglo XVI.
Imaginemos al joven Piqué en el monasterio, en contacto con la biblioteca y los libros de astronomía disponibles en aquella época. En la figura 3 podemos ver una recreación de cómo debía de ser esta biblioteca que han realizado en Santes Creus.
Figura 3. Recreación de la biblioteca de Santes Creus en el año 1500
Entre las obras que podría haber consultado está el tratado de Johannes Stoeffler, publicado en 1512, uno de los manuales más importantes sobre la construcción y el uso del astrolabio; y el libro del valenciano Joan Martí Població, publicado en 1518, que explicaba el uso de este instrumento. Con textos como estos, es muy probable que Piqué aprendiera la teoría necesaria para construir sus propios astrolabios.
Todo indica que esta afición lo acompañaría durante toda la vida.
Los primeros astrolabios
Uno de los astrolabios más antiguos conservados de Piqué está fechado en 1542. Lleva la firma “M.P.”, que hoy se identifica claramente con Miquel Piqué. A primera vista es un instrumento relativamente sencillo, con una araña poco espectacular. Tiene varias láminas para diferentes latitudes: 36 grados, 45 grados y 51 grados.
Figura 4. Astrolabio de Piqué
El talón de Aquiles de los astrolabios era que se necesitaba una lámina para cada latitud. Esto los encarecía mucho. Por eso Piqué ya hizo una lámina universal, con diferentes horizontes (figura 5). No fue un invento suyo, sino que era un invento árabe.
Figura 5. Lámina universal construida por Piqué
Sin embargo, ese mismo año Piqué construye otro astrolabio mucho más complejo, realizado en París por encargo del humanista Antoni Charrenton, de Lyon.
Este segundo instrumento es extraordinario: su rete contiene 145 estrellas, más del doble de las que aparecen habitualmente en los astrolabios de la época (figura 6). Para conseguirlo, Piqué tuvo que idear un sistema mixto de indicadores: algunos con puntas tradicionales y otros con pequeños agujeros. Este astrolabio está considerado uno de los más completos jamás construidos.
Figura 6. Astrolabio de Milán con 145 estrellas
La escuela de Lovaina
En el siglo XVI la ciudad de Lovaina se convirtió en un centro importante de fabricación de instrumentos científicos. Varios constructores destacados trabajaron allí, entre ellos Gerard Mercator, conocido por su proyección cartográfica. Según el historiador Conrad van Kempel, en Lovaina se produjeron los instrumentos científicos más codiciados. Por allí también pasaron Miquel Piquer, Walterus Arsenius, Krollier y Adrien Zellst, entre otros, aunque no todos trabajaron allí al mismo tiempo.
Curiosamente, los astrolabios de Piqué son anteriores a los de los grandes maestros de esta escuela. Esto hace pensar que podría haber sido un pionero dentro de este entorno científico. Las arañas de los constructores de Lovaina presentan ciertos paralelismos formales, pero las de Piqué tienen un estilo propio que las diferencia claramente.
Un elemento interesante es la posible relación entre Piqué y Mercator. Ambos utilizan una tipografía muy particular, estrecha y cursiva, ideal para grabar textos muy pequeños sobre superficies reducidas. Mercator publicó un tratado sobre este tipo de letra hacia 1540. Los astrolabios de Piqué de 1542 ya utilizan esta tipografía, lo que sugiere una conexión directa o una influencia mutua.
También encontramos paralelismos en el uso de proyecciones geográficas. En un astrolabio de Piqué de 1553 aparece una lámina con un mapa del mundo que recuerda mucho a las proyecciones de Mercator, a pesar de ser anterior a algunas de sus obras más famosas.
Lo dejo aquí. Quien se lleva la fama de las proyecciones geográficas es Mercator, pero Piquer, unos 20 años antes, ya tiene un dibujo prácticamente igual. En la siguiente imagen (figura 7) se puede ver un mapamundi de Piquer (izquierda) con un mapamundi de Mercator (derecha). El de Mercator es algo más moderno que el de Piquer.
Figura 7. Mapamundis de Piquer y de Mercator
En los años 40 también encontramos un tratado de astrolabios realizado por Jacques Focard, donde aparecen dibujos de astrolabios y proyecciones muy similares a las de Piquer. Estoy convencido de que son del propio Miquel Piquer. Y las proyecciones son del mismo tipo que las de Mercator.
Las láminas universales
Como he comentado antes, el talón de Aquiles de los astrolabios era que había que hacer una lámina para cada latitud. Para solucionarlo, se empezaron a diseñar láminas universales, capaces de funcionar en cualquier lugar. En Lovaina, varios maestros —como Mercator y otros constructores— trabajaron en este tipo de soluciones.
Había dos maneras principales de crear estas láminas universales, ambas basadas en proyectar la esfera celeste sobre un plano.
La primera consistía en proyectar toda la esfera desde un punto situado en el equinoccio de primavera sobre un plano que pasa por los polos y por los solsticios. Esta proyección permite representar todas las estrellas de la esfera celeste, tanto las de la zona del equinoccio de primavera como las de la de otoño. Esta idea ya había sido propuesta en el siglo XI por el astrónomo árabe Azarquiel (Sarquiel) en Toledo, aunque no se empezó a utilizar realmente hasta el siglo XVI. Un ejemplo importante de este sistema es la azafea, una lámina universal muy rara de la que solo se conservan tres o cuatro ejemplares en el mundo, uno de los cuales está en la Real Academia de Ciencias de Barcelona (figura 8).
Figura 8. Azafea de Ibn Hudayl (1252-53) (RACAB)
La segunda solución consistía en proyectar la esfera desde el infinito sobre un plano que pasa por los polos, produciendo una proyección ortográfica con meridianos rectos. Esta idea también aparecía en los trabajos de Azarquiel en el siglo XI, pero tampoco se aplicó hasta el siglo XVI. Esta es la proyección que utilizan figuras como Mercator y Miquel Piqué.
Ambas proyecciones, sin embargo, tenían inconvenientes: en la primera, los espacios del centro quedaban muy pequeños y los de la periferia muy grandes; y en la segunda ocurría justo lo contrario: espacios muy grandes en el centro y muy pequeños en los bordes.
El astrónomo francés Philippe de La Hire intentó solucionar este problema proponiendo una proyección intermedia que equilibraba mejor los espacios. A pesar de ser una buena idea, apareció demasiado tarde, cuando los astrolabios ya empezaban a quedar obsoletos, por lo que prácticamente no se aplicó.
En este contexto aparece la figura de Hugo Held, que en 1549 publica un tratado explicando un astrolabio universal basado en la proyección ortográfica. El libro se titulaba:
“Declaracion y uso del relox español entretexido en las armas de la muy antigua, y esclarescida casa de Roias, con el mesmo relox agora nueuamente compuesto por Hugo Helt frisio”.
Held era frisón y trabajaba en Lovaina, pero estaba protegido por el noble español Juan de Rojas y Sarmiento. Al año siguiente, en 1550, este noble republicó la obra sin mencionar a Held, y a partir de entonces estos instrumentos se conocieron como astrolabios de Rojas.
Held podría haber tenido relación con Miquel Piqué. Una pista es que en su tratado aparece una lista muy extensa de latitudes de ciudades europeas donde sorprendentemente hay muchas poblaciones catalanas como Cardona, Castelló d’Empúries, Cunit, Martorell, Montjuïc, Ripoll, Montserrat, Vic o Perpiñán. Esto podría indicar contactos entre los científicos de Lovaina —donde también trabajaba Mercator— y Piqué.
Algunos astrolabios de Piqué muestran esta evolución hacia las láminas universales. Por ejemplo, en el astrolabio Greenwich 2 ya intenta poner dos latitudes en una misma lámina, y en la parte posterior incorpora una proyección ortográfica universal (figura 9).
Figura 9. Astrolabio de Miquel Piquer Greenwich 2
Otros ejemplos similares se conservan en Lisboa y Chicago, probablemente de alrededor de 1550, aproximadamente la misma época de los tratados de Held y Rojas.
En instrumentos posteriores de Piqué, como los conocidos como Madrid 1 y Madrid 2, el astrolabio tradicional prácticamente desaparece: ya no hay araña ni la disposición clásica, sino solo la proyección ortográfica y diversas gráficas en la parte posterior. Algunas de estas gráficas servían, por ejemplo, para convertir horas iguales en horas desiguales o para medir alturas y realizar mediciones terrestres. Curiosamente, estos dibujos coinciden casi exactamente con los que aparecen en los tratados de Held y Rojas, lo que refuerza la posible relación entre ellos.
Actualmente se conocen 12 astrolabios o láminas universales atribuidas a Miquel Piqué. Todos sus modelos universales utilizan proyecciones ortogonales. Hay cinco que están fechados con seguridad, lo que permite situar su actividad al menos entre 1542 y 1563, aunque podría haber trabajado antes o después. Sus instrumentos se conservan en diversos museos del mundo, como los de Washington, Milán, Edimburgo, París, Greenwich, Melk, Lisboa, Chicago, Florencia y Madrid.
Su influencia también se observa en instrumentos posteriores que imitan sus diseños, aunque no sean de su mano. Incluso se puede observar en relojes astrolábicos, es decir, relojes que incorporan un mecanismo para que la “araña” gire en 24 horas y muestre la posición del cielo en tiempo real. Un ejemplo conocido es el reloj astronómico de Praga. En el British Museum también hay un reloj astrolábico donde la araña está claramente inspirada en las de Piqué.
En conclusión, Miquel Piqué fue un constructor de astrolabios de altísima calidad y con una obra muy innovadora, especialmente en el desarrollo de láminas universales. A pesar de sus posibles conexiones con figuras importantes como Mercator o con los tratados de Held y Rojas, su aportación sigue siendo poco conocida dentro de la historia de la ciencia, a pesar de su importancia internacional.