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Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Josep Maria Oliver, 24 de septiembre de 2025.

Por la tarde del 12 de agosto del próximo año, un miércoles, en plenas vacaciones para muchos, tendremos un eclipse de Sol cuya franja de la totalidad cruzará la Península ibérica de oeste a este. Será al atardecer con el Sol muy bajo sobre el horizonte, de modo que la parte final del eclipse, la parte parcial, no podrá verse completa porque el Sol ya habrá tenido su ocaso. La última vez que un eclipse total fue visible desde el territorio peninsular fue el 17 de abril de 1912... ¡hace más de cien años!, aunque el último eclipse total en territorio español fue el 2 de octubre de 1959 en Canarias. Pero hubo un eclipse anular el 3 de octubre de 2005.

Eclipses históricos totales:

  • 18 julio 1860. Franja de totalidad: Santander-Castellón.
  • 28 mayo 1900. N Extremadura-Alicante.
  • 30 agosto 1905. La Coruña-Alicante.
  • 17 abril 1912. Galicia-Asturias.
  • 2 octubre 1959. Canarias.
  • 3 octubre 2005. ANULAR.

Eclipses futuros:

  • 12 agosto 2026. Oviedo-Castellón.
  • 2 agosto 2027. Gibraltar-Ceuta-Melilla.
  • 26 enero 2028. ANULAR.

A comienzos del siglo pasado se vieron tres eclipses totales desde España en un intervalo de tiempo muy corto: en mayo de 1900, en agosto de 1905 y en abril de 1912. Anteriormente el último había sido en diciembre de 1870. Y ahora tendremos otro ciclo de tres eclipses: el de agosto de 2026, el de agosto de 2027 y un anular en enero de 2028.

Los eclipses de Sol son de los pocos fenómenos astronómicos que pueden afectar a todas las personas, e incluso a los animales. Que el Sol se oscurezca en pleno día por la intromisión de la Luna no es algo que pase desapercibido. En el transcurso de la Historia los eclipses han sido motivo de afectaciones a la vida, sobre todo cuando se les atribuían efectos nefastos para la población. Un oportuno eclipse total de Sol sobre un campo de batalla era lo más idóneo para que los contendientes lanzaran las armas y apretaran a correr. Ahora hacemos lo contrario: hay un eclipse total y vamos todos a verlo, atascando las carreteras.

El eclipse de 1860

El eclipse de 1860 (Figura 1) fue importante por ser el primero que pudo fotografiarse con daguerrotipo. Además, en aquella época se discutía sobre la naturaleza de las protuberancias solares que, hasta entonces, solo se habían visto en los breves instantes de eclipses totales. Ahora sabemos que son solares, pero entonces, no; había quien promulgaba que eran volcanes lunares en actividad. El eclipse, pues, era una buena ocasión para intentar esclarecer el fenómeno.

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Fig. 1. Recorrido de la fase total sobre la Península ibérica en 1860.

España fue el único país europeo en la franja de la totalidad, motivo por el cual llegaron numerosas expediciones científicas (franceses, británicos, rusos, estonios...). Destacaremos dos:

Angelo Secchi era un jesuita y astrónomo italiano que dirigió el Observatorio del Colegio Romano y que destacó por su especialización en el Sol y por la creación de una clasificación espectral estelar. Con motivo del eclipse se desplazó al Desierto de las Palmas, en Castellón, cerca de Oropesa, donde se congregaron también otras misiones. Con Secchi estuvo Antonio Aguilar, director del Observatorio de Madrid (Figura 2).

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Fig. 2. Angelo Secchi.         Fig. 3. Warren de la Rue.

Secchi había ensayado en un eclipse anterior, en 1851, la obtención de fotografías mediante daguerrotipo, pero al aplicar el procedimiento en 1860 el resultado que obtuvo fue determinante, como veremos.

Otra expedición fue encabezada por Warren de la Rue, químico y astrónomo británico que fue de los pioneros de la fotografía astronómica. Se trasladó a Rivabellosa, cerca de Miranda de Ebro, en el límite entre las provincias de Álava y Burgos (Figura 3).

Secchi y De la Rue obtuvieron imágenes durante la totalidad en las que aparece el disco oscuro de la Luna y varias protuberancias.

Secchi, unos meses después, tuvo a mano las imágenes de De la Rue y las pudo cotejar con las suyas después de haber hecho copias unificando los tamaños. Y lo que consiguió ver es lo importante: las protuberancias no coincidían superponiendo las imágenes. ¿Por qué? Sencillamente, no eran volcanes en el contorno lunar, sino que estaban mucho más lejos, en el Sol, según denotaba el efecto de perspectiva producido por la separación de 500 kilómetros entre las dos cámaras.

Entre las otras misiones que se instalaron en el Desierto de las Palmas estuvo una organizada en Barcelona encabezada por Llorens Presas, Josep Parès y Paulino Blanch. Presas era profesor de matemáticas, astronomía y física en la Universidad de Barcelona, Parès era marino y se había construido un observatorio en su domicilio, en el Pla de Palau, muy cerca del puerto. 

La expedición, a la que se añadieron ocho acompañantes más, partió de Barcelona en barco hasta Oropesa. Entre estos acompañantes estaba Eduard Fontserè, padre del conocido meteorólogo, que era maestro de obras y que dirigió la construcción de toda la zona de la Ciudadela de Barcelona, especialmente con motivo de la Exposición Universal de 1888.

Describen: «El piloto Josep Parés tuvo la precaución de llevar a bordo del vapor «Indio» tres cronómetros de primera calidad, con sus estados absolutos, determinados el día 16 a mediodía y con la nota de sus movimientos diarios. Después estos cronómetros fueron comparados entre sí debajo de la tienda de campaña y vueltos a comprobar el día 20, a su llegada en el observatorio que tiene establecido en Barcelona. Sirvieron para saber la hora en que se verificaron las fases del eclipse. Otro cronómetro que dicho señor entregó a don Francesc Dunard para ser transportado en diligencia, no se empleó por razón de haber variado de cuatro segundos de atraso durante el viaje».

Entre los instrumentos tuvieron dos telescopios de Presas y Parès, diversos instrumentos meteorológicos, unos gemelos marinos bastante potentes y un sextante que utilizaron a guisa de anteojo.

El eclipse de 1870

El 22 de diciembre de 1870 hubo un eclipse cuya franja de totalidad pasó por el sur de la Península. Al parecer hubo nubosidad en muchos sitios, aunque hay algunos relatos. La franja de la totalidad pasó por el Observatorio de San Fernando (Figura 4).

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Fig. 4. El eclipse de 1870.

Hubo diversas misiones extranjeras y españolas, especialmente en Jerez; incluso una norteamericana. Uno de los objetivos —se decía— era comprobar si la Luna tenía un agujero que la atravesara de parte a parte. El texto publicado en «La Ilustración de Madrid» decía «...comprobar la observación hecha por D. Antonio de Ulloa en el eclipse de 1788 a fin de averiguar si nuestro satélite se halla perforado de parte a parte». Ulloa era un científico sevillano del siglo XVIII de reconocido prestigio.

De modo parecido al eclipse de 1860, comparando dos fotografías obtenidas desde diferentes lugares (desde Cádiz y Siracusa, en Sicilia) se llegó a la conclusión que la corona era la atmósfera del Sol.

El eclipse de 1900

El 28 de mayo de 1900 hubo el primero de un trio de tres eclipses totales en la Península en tan solo 12 años, el primero de ellos con un recorrido relativamente semejante al de 1860. La franja de la totalidad era de escasamente 70 km de ancho, con una duración máxima de solo 80 segundos. Sin embargo, el interés que suscitó fue inusitado (Figura 5).

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Fig. 5. La sombra en 1900.

A fines del siglo XIX y principios del XX el interés popular por la astronomía había crecido muchísimo. El avance de la fotografía, con imágenes entonces sorprendentes de nebulosas (y «nebulosas espirales») que se publicaban en revistas para todo el público y las noticias sobre supuestas civilizaciones fuera de la Tierra, y especialmente en Marte, habían llamado poderosamente la atención. En estas circunstancias, el anuncio del eclipse forzosamente tenía que ser trascendente.

La prensa se hizo amplio eco del fenómeno y los pocos astrónomos y los escasos centros que había se movilizaron para informar a la población. El Observatorio Astronómico de Madrid publicó un librito de 109 páginas titulado «Memoria sobre el eclipse total de Sol del día 28 de mayo de 1900» con dos mapas desplegables. Fue realizado por el astrónomo Antonio Tarazona dando instrucciones para que cualquier persona pudiera conocer el horario del eclipse en su localidad. 

Ese librito muestra cuán difícil resultaba a la mayoría de los científicos saber realizar divulgación o, cuando menos, saber situarse al debido nivel para que el profano comprenda lo que le intentan explicar.

En la introducción del libro el director del observatorio, Francisco Íñiguez, escribió, refiriéndose al autor del libro:

«El Sr. Tarazona ha procurado dar a la parte expositiva un carácter de vulgarización a propósito para que la mayoría de los lectores comprendan con facilidad las diversas fases del fenómeno de que se trata, las causas de las mismas y la manera de sucederse...»

Pues bien, tan solo hace falta pasar página para leer el inicio del texto:

«Las curvas cinemático-analíticas de la centralidad de los eclipses de Sol, obtenidas mediante cálculos delicados, no pueden coincidir con las que en el Canon der Finisternisse del insigne Oppolzer corresponden a 8.000 eclipses totales y anulares entre los años 1207 antes de J.C. y 2161 de nuestra Era. Por otra parte, la representación gráfica de la zona terrestre comprendida entre el polo norte y el paralelo 30º de latitud austral no corresponde en el Canon a proyección ninguna, pues si bien son circulares y concéntricos los paralelos representados, ofrecen la particularidad de ser equidistantes; por otra, las curvas trazadas sobre esta representación de la Tierra...»

En el libro hay 72 complicadas tablas, totalmente ininteligibles para el profano. El lector que quisiera deducir el horario local del eclipse tenía que hacer mil malabarismos con las tablas y con las coordenadas geográficas de su emplazamiento. ¡Con lo fácil que hubiera sido poner un listado con los horarios de las capitales y ciudades importantes, y explicar sucintamente cómo interpolar cuando se quisieran horarios más precisos para localidades no tabuladas! Hubiera cabido en tres páginas. En 1905, con ocasión del siguiente eclipse, ya se hizo así en un opúsculo similar, aunque sin sustraerse a explicar la teoría.

La prensa explicaba cómo mirar el eclipse con cristales ahumados a la lumbre de las velas, eso que ahora no recomendamos en absoluto. En todo el país entonces había escasos telescopios y había que verlo a simple vista. Y un gran divulgador francés contribuyó a la popularización del fenómeno: Camille Flammarion (Figura 6).

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Fig. 6. Camille Flammarion.   Fig. 7. Su vivienda-observatorio en Juvisy (Francia).

Flammarion había nacido en Montigny-le-Roi en 1842. Cuando tenía 5 años quedó fascinado con un eclipse anular que vio contemplando el agua de un cubo que le había colocado su madre para no deslumbrarse. A partir de entonces se interesó por la astronomía. La familia pasó a París donde Camille completó el bachillerato y entonces escribió una gran obra que tituló «Cosmogonía Universal». El médico familiar lo presentó al director del Observatorio de París, Urbain Leverrier y éste lo contrató como calculador, aunque no se contentó solo con este trabajo sino que también participaba en las observaciones nocturnas como auxiliar.

A partir de entonces su dedicación a la divulgación fue creciendo, con colaboraciones continuas en las revistas «Cosmos» y «Le Siècle», convirtiéndose en el editor de ésta. Y comenzó a ofrecer muchas conferencias. En 1862 publicó el libro «La pluralidad de los mundos habitados» que tuvo una gran repercusión. Y ya no cesaría. Llegó a publicar 44 libros, la mayoría de los cuales fueron traducidos a numerosos idiomas, entre ellos el castellano, por lo que fue un personaje muy conocido en España. Libros de gran formato como «Astronomía popular», «Las estrellas», «La atmósfera: Meteorología Popular»... 

En 1887 Flammarion fundó la Société Astronomique de France que pronto se convirtió en la asociación de astronomía amateur más importante del mundo, con numerosos socios españoles y la publicación de una importante revista mensual.

Un admirador regaló a Flammarion una mansión en Juvisy, donde construyó un observatorio muy bien equipado y una gran biblioteca (Figura 7). Tomen nota: un admirador le regaló una mansión en forma de castillo; yo también he publicado libros y soy el responsable de la publicación de la revista «Astrum»... un castillo sería demasiado, pero un ático en el Paseo de Gracia de Barcelona, no estaría mal...

La fama de Flammarion era considerable. Recibió muchos galardones como divulgador, incluso en España. El Gobierno español le concedió el título de Comendador de la Orden Real de Isabel La Católica, más adelante lo nombró Gran Oficial de la Orden de Carlos III; y con motivo del eclipse de 1900 le fue otorgada la Gran Cruz de Isabel La Católica.

Y de ahí nos vamos al eclipse.

Uno de los puntos mejor situados para ver el eclipse de 1900 fue la costa de Alicante, especialmente por las posibilidades de tener buen tiempo. A Elche fueron la mayoría de misiones, tanto españolas como extranjeras.

Flammarion, acompañado de su esposa Sylvie y de otros astrónomos franceses, entre los que se hallaba el abate Théphile Moreux, también excelente divulgador, llegaron en tren a Valencia el 25 de julio, («mecidos por la proverbial lentitud de los ferrocarriles españoles») donde fueron recibidos por las autoridades y multitud de personas. Moreux escribió:

«Cien mil personas los saludaron a su paso en los landós del Ayuntamiento durante esta inolvidable jornada. La Ciencia, en la persona del ilustre astrónomo, fue literalmente cubierta de flores. Las avenidas estaban jalonadas de flores como en los días de las más bellas ceremonias religiosas».

En realidad ocurrió que se aprovechó la presencia de tan popular científico para inaugurar el primer tranvía eléctrico de la ciudad, con lo cual, ambos, tranvía y Flammarion, se vieron favorecidos por el fervor popular.

En Valencia los estamentos científicos ofrecieron a Flammarion un homenaje en el Jardín Botánico con 70 comensales. Al día siguiente reemprendieron el viaje yendo hacia Alicante en un vagón-salón de lujo que la compañía de ferrocarriles había puesto a su disposición. Incluso los acompañó el inspector-jefe de la compañía, Sr. Kowolaski.

En todas las estaciones numerosos admiradores saludaron el paso de Flammarion informados por la prensa. Incluso se colgaron pancartas aludiendo a esta admiración:

En Villena: «Reconocimiento a quien nos ha hecho conocer el Universo y ha elevado nuestras almas en la filosofía del infinito».

En Elda: «¡Inmortalidad al poeta de los cielos!».

En Elda, firmada por admiradores de Játiva: «Homenaje al Sabio independiente, al filósofo, al pensador».

La acogida en Alicante fue absolutamente entusiasta… «Toda la población estaba en la estación, a pesar de la hora tardía». Viajaron al hotel en el landó del Gobernador. Dos días después fueron a Elche. Moreux escribe: «Advierto con estupor que nos hallamos en una ciudad de 30.000 habitantes y que 25.000 personas están en la estación».

Elche estaba repleta de carteles anunciadores del eclipse en las calles, con estrellas, cometas, monstruos y dragones para impresionar a los ciudadanos.

Y llegó el 28 de mayo, día del eclipse. Flammarion situó su instrumental en la terraza de la casa de campo del alcalde. La totalidad tuvo una duración de 1 m 19 s. Flammarion escribió: «La luz se debilita considerablemente y su palidez es a la vez extraña y siniestra... asume un tinte angustioso». Y Théophile Moreux describió la corona como: «Tejida de hilos transparentes con tonos de oro y plata».

Miles de visitantes, incluyendo unas 40 expediciones científicas (españolas, francesas, británicas, escocesas...) acudieron a la ciudad. Algunas expediciones se situaron en Santa Pola. En el interior de la Península también las hubo en Plasencia (Cáceres), en Tobarra (Albacete)...

Al día siguiente, Flammarion y su comitiva se desplazaron a Madrid, donde siguieron las muestras de admiración. Fueron recibidos en el Palacio Real por la Reina Regente y el joven rey Alfonso XIII; éste, a los 14 años, estaba muy interesado por la astronomía.

En Elche había, pues, otras misiones y, entre ellas, una de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, encabezada por Josep Comas Solà. El principal interés de Comas fue estudiar la composición de la cromosfera y de la corona aprovechando los cortos instantes en que el disco solar estaba oculto tras la Luna. Comas dispuso de una cámara con un prisma ante el objetivo (Figura 8). Él mismo cuenta el resultado:

«Saqué el primer clisé del espectro cromosférico tres segundos después de haber empezado la totalidad. En este clisé se distinguen más de 120 rayas brillantes. Fáltame hacer el estudio micrométrico para determinar las longitudes de onda, pero de momento aparecen con toda evidencia rayas del sodio, del hidrógeno, del hierro, de la raya coronal, del calcio y del magnesio. Las más abundantes son las del hierro y las más brillantes (para la fotografía) las H y K (calcio), las del hidrógeno y las del magnesio. Se concibe perfectamente que la incandescencia del magnesio y del calcio produzcan la brillante y blanca luz del anillo cromosférico, sonrosada en algunos sitios por el hidrógeno».

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Fig. 8. Espectro de la cromosfera y las protuberancias.

En aquella época estaban muy interesados en comprender la estructura gaseosa del Sol. El propio Comas escribió: «¿La corona está formada por materia o es simplemente un conjunto de efluvios, eléctricos quizás, que surgen del Sol? Los pareceres están divididos sobre el particular.»

El eclipse de 1905 

Al cabo de cinco años hubo otro eclipse total con un recorrido, casualmente, bastante similar. España fue el único país de Europa desde donde pudo verse la totalidad (Figura 9).

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Fig. 9. La sombra en 1905.

El ambiente astronómico había subido de tono. A raíz del eclipse de 1900 un entusiasta, Antonio Osborne, había sufragado la construcción del Observatorio de la Cartuja, en Granada, con un excelente equipamiento astronómico, meteorológico y sísmico. En 1904 se había inaugurado extraoficialmente el Observatorio del Ebro, en Roquetas, junto a Tortosa, con una inauguración oficial que se haría coincidir con el eclipse de 1905. Y en 1904 se había inaugurado el Observatorio Fabra, en el Tibidabo, en Barcelona.

Y así estaban cuando el 30 de agosto de 1905 se produjo otro eclipse total.

Hubo una importante misión del Observatorio Fabra (Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona) dirigida por Josep Comas Solà que se instaló en Vinaroz, donde también acudieron otros equipos. Entre los instrumentos figuraban varios telescopios refractores equipados para fotografía, uno los cuales era el refractor Grubb de 156 mm del propio Comas (Figuras 10 y 11). Y tenían también una cámara cinematográfica que les prestó la firma Gaumont, de París, a la que Comas colocó un prisma ante el objetivo para fotografiar el espectro de la corona, una ambición que había en aquella época para conocer su composición.

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Fig. 10. Instalación en Vinaroz de la misión del Observatorio Fabra. De pie, en el suelo, junto al telescopio está Josep Comas y en la mesa su esposa, María Patxot.

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Fig. 11. La corona según un dibujo de Salvador Raurich, uno de los componentes de la misión del Observatorio Fabra.

Comas dijo: «Aún cuando una nubecilla ocultó la totalidad durante un minuto (la totalidad en Vinaroz fue de 3 m 36 s) nos quedaron 2 minutos y medio de imagen clarísima para efectuar todas nuestras observaciones perfectamente organizadas y que fueron ensayadas los días anteriores en varios simulacros de observación».

Pudieron ver y fotografiar el eclipse pero les falló la filmación del espectro-relámpago con la cámara cinematográfica. Como es sabido, en aquella época había que hacer circular la película mediante una manivela y el operador estaba tan emocionado y nervioso que se puso a filmar prematuramente y demasiado rápido; en el momento crucial de la totalidad se le acabaron los 25 metros de la película (Figura 12).

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Fig. 12. Serie cinematográfica hasta 20 segundos antes de la totalidad porque se acabó la película prematuramente.

Después de haber visto la fase total el cielo se cubrió y ya no pudieron ver la segunda fase parcial.

Entre las otras misiones hubo la del Instituto y Observatorio de la Marina, de San Fernando, que se situó en Soria. Obtuvo unas magníficas fotografías con mucho detalle, bastante inusual en la época.

Burgos fue otro emplazamiento escogido por diversas misiones, especialmente porque el Ayuntamiento hizo una fuerte campaña desde meses antes y organizó actos paralelos durante varios días. Acudieron científicos del Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica, Portugal y Estados Unidos. Los servicios ferroviarios desde Madrid e Irún tuvieron que ser reforzados. Incluso acudió a Burgos el rey Alfonso XIII con su familia.

Se elevaron tres globos tripulados y otros como sondas con instrumentos meteorológicos. No tengo muy claro qué es lo que pretendían los pasajeros de los globos... (Figura 13).

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Fig. 13. Globos en Burgos desde los que ver el eclipse.

En la localidad de Cistierna (León) se instalaron diversas misiones, especialmente francesas, con Pierre Puiseaux al frente y un gran equipo instrumental que ocupó tres vagones del ferrocarril.

El eclipse híbrido de 1912 

Por último, el tercer eclipse de la serie, el 17 de abril de 1912. Éste fue híbrido. Debido a la curvatura de la Tierra, el eclipse comenzó siendo anular, después pasó a total en su recorrido por la Península (solo por Galicia y Asturias) y luego, en el mar Cantábrico, volvió a ser anular por encima de Francia. Esto hizo que la fase total fuera muy corta, de tan solo 7 segundos como máximo (Figura 14).

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Fig. 14. Mapa de 1912.

El eclipse de 1912 fue muy complejo porque los cálculos sobre la fase total eran inciertos ya que no se disponía de datos suficientemente precisos sobre el diámetro lunar y sobre la posición de los dos astros, de modo que el director del Observatorio de Madrid, Francisco Íñiguez, escribió: «Con el valor mínimo del diámetro lunar el eclipse será anular en toda su duración». Recalcó que el eclipse podría no ser total en ninguna parte aunque lo más probable es que sí lo fuera. Y, claro, Íñiguez dijo que «situarse bien será la primera dificultad grave que en este caso habrá que vencer» porque podía depender de muy pocos metros el ver la totalidad o no. Ni siquiera podían confiar en los mapas geográficos porque las ubicaciones no tenían la precisión requerida en este caso. «...Las posiciones geográficas de los pueblos situados en los mapas no son más que aproximadas».

Las misiones tuvieron que instalarse en el noroeste peninsular, procurando no estar cerca del mar porque la posibilidad de nubosidad era mayor. La misión del Observatorio de Madrid se instaló en Cacabelos (León), y la misión del Observatorio Fabra-Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, dirigida por Josep Comas Solà, fue a Barco de Valdeorras cuya previsión era de una anchura de la banda de sombra de solo 166 metros y una totalidad de 0,2 segundos. Fueron allí gracias a los cálculos de José Joaquín Landerer, el promotor del Observatorio del Ebro.

En esta ocasión el grupo fue muy reducido por el recorte presupuestario impuesto por la Academia. Y, además de una cámara fotográfica, llevaron otra vez el cinematógrafo para intentar filmar el espectro-relámpago en los momentos en que aparece la cromosfera solar, al principio y al final de la totalidad.

La ubicación no fue la deseada, en el centro de la franja; quedaron a un lado, con una totalidad casi instantánea; además, la totalidad se adelantó 24 segundos según los cálculos. En vez de fotografiar la corona, Comas la dibujó, lo que en aquellas circunstancias resultó ser lo más práctico.

Esta vez la cámara cinematográfica funcionó y pudo obtener el espectro de la cromosfera, con la presencia sobre todo de las líneas del hidrógeno. La figura es una reproducción dibujada para resaltar el resultado (Figura 15).

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Fig. 15. Copia del espectro obtenido cinematográficamente.

La película después fue proyectada en una sesión de la Real Academia de Ciencias y Artes, pero a continuación se perdió el rastro. No está ni en el Observatorio Fabra ni en la Academia; la vivienda de Comas, donde tenía su observatorio, fue desmantelada tras el fallecimiento de su viuda, Amelia.

En las crónicas que publicó Comas tras el eclipse, no deja de referirse a las excelentes comidas que se ofrecían en las fondas de la zona.

El eclipse de 1959 

El 2 de octubre de 1959 hubo un eclipse que fue total en Canarias y parcial en la Península. Despertó mucha atención porque la movilización en las islas fue impresionante con la presencia de numerosas misiones españolas y extranjeras con importantes equipos instrumentales.

El grueso de los científicos se instaló en Punta Jandía, en Fuerteventura, y algunos en Tarajalejo. Sucedió que el día del eclipse el cielo apareció cubierto, y para desesperación de muchos en Jandía no pudieron ver la totalidad (Figura 16). Tan solo un equipo holandés en Tarajalejo pudo obtener algún resultado.

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Fig. 16. El eclipse de 1959 desde Jandía (Fuerteventura).

Pero el eclipse sirvió para algo importante: entre los científicos españoles se retomó una idea antigua de instalar un observatorio en la zona del Teide y al año siguiente Francisco Sánchez comenzó a mover los hilos para conseguirlo. En 1964 se instaló un primer telescopio para prospecciones y en 1970 se inauguró oficialmente el observatorio; hoy día es dependiente del Instituto de Astrofísica de Canarias.

En Sabadell pudimos ver el eclipse como parcial. Yo tenía 15 años y ya poseía un sencillo telescopio. Estuve dibujando todo el proceso.

En la Península no ha habido otro eclipse total; sí hubo uno, en 1961, que aquí se acercó mucho a la totalidad dado que la línea de la sombra pasó por el sur de Francia.

El eclipse de 1961 

El 15 de febrero de 1961, a primera hora de la mañana, hubo un eclipse total cuya sombra cruzó Francia por el sur, muy cerca de los Pirineos. En Sabadell se ocultó el 96 % del diámetro solar. La Agrupación hacía pocos meses que había sido fundada y el acontecimiento acaparó los medios periodísticos. Se instalaron diversos telescopios en la terraza contigua al observatorio y el público acudió en masa.

Fue a primera hora de la mañana y estaba nublado en casi toda la Península ibérica, pero un oportuno y breve claro permitió que desde nuestro observatorio se pudiera fotografiar el momento máximo (Figura 17). Por la posición geográfica y por la oportunidad del claro, la fotografía fue, seguramente, la que mostró la fase más avanzada de toda España. Aunque la franja de la totalidad pasó a menos de 200 km de Sabadell, nadie fue allí; viajar no era nada fácil entonces, y menos al extranjero.

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Fig. 17. Fotografía desde la terraza de la Agrupación.

Del eclipse se habló bastante por otro motivo no astronómico. Se estaba filmando en Italia la película «Barrabás» sobre el personaje bíblico, dirigida por Richard Fleischer y protagonizada por Anthony Quinn. Hay una escena con la crucifixión de Jesús y se les ocurrió que podrían rodarla durante el eclipse total para mostrar el oscurecimiento del Sol en el momento de la muerte. Y así se hizo, con éxito, lo que contribuyó a popularizar el film. Solo podían realizar una toma y el riesgo era que una nube pudiera arruinar los planes (Figura 18). [El conferenciante proyecta un video con esta escena de la película].

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Fig. 18. El eclipse tras la crucifixión de Jesús en la película «Barrabás».

El eclipse anular de 2005 

No fue un eclipse total, pero también tuvo su gracia. El 3 de octubre de 2005 la franja cruzó diagonalmente la Península ibérica (Figura 19).

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Fig. 19. Mapa del eclipse anular de 2005.

El operativo que montó la Agrupación fue considerable. Mientras un buen número de socios se desplazaban a Túnez, otros se repartían por diversos puntos de la Península, especialmente en Jábaga (Cuenca) donde se estableció nuestro Campo de Observaciones (Figura 20). Y a través de la web de la Agrupación se retransmitió en directo desde Ourense, Madrid, Alfaz del Pi (Alicante) y Sabadell. Se conectaron 29.282 personas, llegando a saturar la red en algunos momentos. Muchas desde muy diversos países (Figura 21).

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Fig. 20. Imagen obtenida por Ernest Arredondo desde Jábaga (Cuenca).      Fig. 21. Sede de la Agrupación con el eclipse parcial.

Y llegamos al día de hoy cuando nos estamos preparando para los nuevos espectáculos a partir del próximo año.

Tres eclipses 

El próximo, el 12 de agosto de 2026, será el eclipse más mediático porque cruzará toda la Península por el centro, aunque la totalidad no pasará por las grandes capitales: Lisboa, Madrid ni Barcelona. Sí, en cambio, por Oviedo, León, Burgos, Valladolid, Soria, Zaragoza, Castellón y Baleares. Tarragona y Valencia quedarán dentro de la franja pero por muy poco (Figura 22).

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Fig. 22. Recorrido de la totalidad en agosto de 2026.

Pero no todo va a ser positivo. El eclipse tendrá lugar al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte y con el ocaso antes de que finalice la fase parcial. Habrá que seguir el eclipse desde lugares donde pueda verse el horizonte de poniente... y que esté despejado.

La Agrupación ya se ha empezado a mobilizar. Se han organizado dos expediciones para buscar el mejor lugar (en teoría). Aunque la totalidad pueda verse desde lugares cercanos, como Tarragona, no disfrutarán de las mejores condiciones porque el Sol se ocultará antes que en el oeste peninsular; y Tarragona está cerca del borde de la franja de la totalidad, no en el centro, y, en consecuencia, el tiempo de la totalidad será muy breve.

Una de las expediciones de la Agrupación, en autocar, ocupará del 10 al 13 de agosto, desplazándose hasta el castillo de Haza, cerca de Aranda de Duero (Burgos); también habrá, como es habitual en nuestros viajes, visitas turísticas; entre ellas al yacimiento de Atapuerca. A día de hoy las plazas ya están cubiertas y hay lista de espera.

Para los que no quieran ver el eclipse tan cerca del horizonte habrá un grupo que irá a Islandia, saliendo el día 3 y regresando el 14, con base en Reikiavik.

El 2 de agosto de 2027 habrá otro eclipse cuya banda total pasará por el estrecho de Gibraltar, con una totalidad muy larga: 6 minutos 26 segundos (el máximo posible son 7 minutos). Podrá verse como total desde el Campo de Gibraltar, Cádiz, Jerez y, por muy poco, Málaga; también desde Ceuta y Melilla. En Marruecos, Tánger. Será casi al mediodía y, por lo tanto, el Sol estará alto. El máximo del eclipse será en Egipto (Figura 23).

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Fig. 23. Mapa de 2027. La totalidad ocupa todo el mapa excepto la pequeña franja en la parte superior.

Por último, un anular el 26 de enero de 2028 al atardecer, con el Sol también junto al horizonte. Y en enero es muy fácil que el cielo no sea transparente.

La línea de la centralidad pasará por Sevilla, Córdoba, cerca de Albacete, Valencia y Tarragona, aunque en esta ciudad el Sol estará a menos de un grado sobre el horizonte; en Lleida, también, con el Sol ocultándose en el momento máximo. Las grandes capitales Barcelona, Madrid y Lisboa quedarán fuera y solo verán la fase parcial (Figura 24).

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Fig. 24. El eclipse anular de 2028.

Finalmente, dos consejos: un eclipse de Sol nunca debe mirarse directamente sin tener la vista debidamente protegida. Recuerden: hay gafas especiales para ello; la Agrupación las suministra. Los instrumentos ópticos deben tener también sus filtros especiales. Y ojo con las carreteras: ¡se atascarán!