Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Carles Schnabel, 5 de junio de 2025.
Esta charla se enmarca dentro de un conjunto de charlas que se realizan en todo el Estado en este mismo momento. Quiere explicar todo el problema de la contaminación lumínica bajo el nombre "De Costa a Costa". Escogí este título para hablar de cómo nos afecta la contaminación lumínica.
Lo primero que debe hacerse es definirla: la contaminación lumínica es un problema derivado de la luz artificial nocturna y de sus efectos sobre las personas, la naturaleza y el cielo nocturno. ¿Qué es exactamente? Existen varios tipos de contaminación lumínica: resplandor del cielo, deslumbramiento, intrusión lumínica, exceso de luz artificial nocturna, mala orientación de farolas y focos, o una mala elección del color de la luz. De todo esto os hablaré un poco.
El impacto en la astronomía es clarísimo: no nos deja ver bien el cielo. Es difícil ver estrellas, galaxias o cualquier objeto celeste algo débil. Se pierde el cielo nocturno como patrimonio cultural. Además, las observaciones astronómicas se ven perjudicadas al disminuir la calidad de las observaciones.
Tenemos, por encima de la atmósfera, un cielo lleno de estrellas. Pero cuando esta atmósfera está contaminada lumínicamente, prácticamente no podemos ver nada. Además esta contaminación tiene muchos efectos ecológicos, ambientales y sobre la salud humana.
Uno de los primeros impactos es el deslumbramiento. Quizás os ha pasado alguna vez, yendo por una carretera o por una calle, que una farola dirige la luz directamente a vuestros ojos y no os deja ver bien. En teoría, esta farola está pensada para que veamos mejor, pero en realidad nos deslumbra. Una buena iluminación no significa iluminar todo intensamente, sino hacerlo de manera uniforme y con una intensidad baja o moderada. Por ejemplo, si tenemos una farola muy brillante, puede provocar una zona muy iluminada junto a una sombra intensa. Si hay alguien escondido en la zona de sombra, no le vemos. En cambio, si la farola está bien direccionada y limitada, podemos distinguir mucho mejor el entorno.
Otro problema habitual es cuando en casa entra más luz de fuera que la que tenemos dentro. Puede ocurrir que tengamos que bajar las persianas no para preservar la intimidad, sino para evitar la luz externa. Ésta es la intrusión lumínica, y está penada por la normativa. Se puede denunciar, y es posible conseguir que se protejan mejor las farolas.
También es necesario hablar del color de la luz. Durante el día tenemos luz solar, que se dispersa en la atmósfera y nos muestra el cielo azul. La luz azul es la que más se dispersa, mientras que la luz roja se absorbe más. Esto significa que si utilizamos farolas con luz azul, ésta se dispersa mucho y puede ser muy molesta, mientras que la luz roja se queda más retenida y no llega tan lejos.
Esto puede verse en una diapositiva de la asociación Dark Sky (figura 1) , donde se relaciona el color de la luz con varios efectos. A la izquierda se encuentra la luz cálida (2.700 K), similar a las bombillas incandescentes de antaño. Es una luz relajante. Muchos ordenadores, a partir de cierta hora, se programan para que la luz sea más cálida, ya que ayuda a relajarse y a dormir mejor. Ésta es la mejor para la noche. Luego está la luz blanca (entre 3.500 y 4.100 K), más energética, indicada para cocinas o puestos de trabajo. Por último, la luz diurna (entre 5.500 y 6.500 K), que nos mantiene despiertos y alerta. Es buena para leer, pero no hace falta en la calle durante la noche, porque no vamos a leer, sino que sólo necesitamos una iluminación suave.
Figura 1. Correlación entre el color de la luz y distintos efectos para la salud
Hablamos ahora de los efectos sobre la salud del exceso de luz artificial. La luz excesiva puede alterar el ritmo circadiario, que es el ritmo biológico que alterna el día y la noche. Una de las consecuencias es la supresión de la melatonina, una hormona que regula este ritmo.
La melatonina es una hormona segregada por la glándula pineal, situada en el centro del cerebro, en la epífisis. Se produce en ausencia de luz y se llama también la hormona del sueño. Es muy importante para nuestra salud, ya que regula el ciclo sueño-víspera y ayuda a preparar el cuerpo para el descanso nocturno.
Además, la melatonina tiene un poder antioxidante notable: actúa contra los radicales libres, que pueden dañar al ADN. Este ADN es el “libro de instrucciones” de nuestras células. Si se daña, las células pueden empezar a funcionar mal e incluso pueden desarrollar tumores. Aunque existen mecanismos de reparación del ADN, si éstos fallan, pueden aparecer enfermedades graves.
La melatonina regula también otras glándulas, como las sexuales, y se ha documentado su incidencia sobre cánceres como el de mama y el de próstata. También ayuda a regular la presión arterial durante la noche. Imagínese la cascada de efectos que puede desencadenar su ausencia.
La luz azul, precisamente, es la que más interfiere en la producción de melatonina. Cuanto más azul es la luz, peor para la salud. Por eso, la luz nocturna debería tener una intensidad baja y una tonalidad cálida.
Además, la contaminación lumínica también tiene importantes efectos sobre el resto de vida en la Tierra. Por ejemplo, provoca desorientación en aves, tortugas e insectos. Puede interferir con los patrones naturales de caza y reproducción, así como alterar ciclos nocturnos naturales.
Se ha visto que insectos nocturnos, como las polillas, son polinizadores mucho más importantes de lo que se pensaba. Y la luz artificial reduce más de un 60% sus visitas a las flores.
Los patrones de iluminación diarios y estacionales determinan los ciclos circadianos, circanuales y circalunares de los animales. Aunque puede sonar raro, la luna es un factor muy importante para los animales nocturnos: con luna llena ven mejor, pueden cazar mejor y tienen más actividad. Por tanto, alterar la iluminación nocturna también afecta a este ciclo natural.
Esto determina también los cambios de iluminación, que a su vez condicionan los patrones de comportamiento, las horas de actividad, la depredación, la reproducción, la polinización y la hibernación. Ya veis que hay mucho más de lo que parece. La alteración de estos patrones naturales de iluminación tiene adversas consecuencias para la biodiversidad en general. Aquí se ve un cuadro que, sin entrar en detalles, ya muestra claramente estas afectaciones (figura 2).
Figura 2. Impactos de la luz sobre la biodiversidad
Se ve, aunque sea parcialmente, la influencia de la luz artificial sobre toda la escala animal: desde los insectos, y probablemente aún más allá, hasta los reptiles, aves y mamíferos. Todas las especies se ven afectadas. Las especies nocturnas son especialmente vulnerables, pero también las crepusculares y las diurnas. Ninguna se escapa: todas ven alterados sus patrones de comportamiento debido a la modificación de las horas de iluminación por fuentes artificiales. Esto afecta a la reproducción, la relación depredador-presa, la orientación durante las migraciones (muy importante para aves migratorias y mariposas), el crecimiento y el desarrollo de la fauna silvestre.
Un ejemplo es un estudio publicado en el Journal Willy Wagtail , en el que investigadores australianos analizaron el comportamiento de una especie de pájaro. Observaron que, con poca luz, los machos, que compiten por las hembras, tienen un canto más suave. Pero cuando hay mayor iluminación, aumentan el canto para hacerse notar. Sin embargo, esta misma luz inhibe el canto general de los pájaros, alterando el patrón reproductivo. Además, los depredadores (simbolizados en este caso por un gato) pueden detectar con mayor facilidad las hembras, que desaparecen. Los machos se quedan sin oportunidades de reproducción. Esta interacción con luz puede parecer sutil, pero es muy significativa.
Otro ejemplo muy conocido es el de la tortuga boba ( Caretta careta ). En nuestras costas mediterráneas, de vez en cuando se descubren nidos. Las crías eclosionan de noche para evitar a los depredadores y se orientan hacia el mar gracias a la luz de la luna. En condiciones naturales, el mar es iluminado más que la tierra. Pero actualmente, en muchas playas, la luz más intensa está en su interior, y el mar queda oscuro. Esto hace que las tortuguitas se desorienten. Por este motivo se realizan campañas para protegerlas, apantallando la luz artificial y facilitando su camino hacia el mar. Pero es un efecto que requiere una intervención humana constante, y esto no debería ser necesario si no hubiéramos alterado su hábitat natural.
Los murciélagos, que se alimentan de grandes cantidades de insectos, también se ven afectados. Son importantes para controlar plagas como los mosquitos. La luz artificial puede retrasar su respuesta ante situaciones de emergencia, lo que en los casos más graves puede provocar la destrucción de colonias enteras. También se ha observado que, en zonas iluminadas, los individuos son menores, los nacimientos se retrasan y la tasa de crecimiento es más lenta. Un estudio italiano realizado cerca de ríos con presencia de mosquitos muestra que éstos son atraidos hacia la luz, pero los murciélagos evitan las zonas iluminadas. Esto provoca que exista una sobrepoblación de mosquitos cerca de las luces y una disminución de alimento para los murciélagos, ya que evitan estas zonas. Podría parecer que la luz ayuda a los murciélagos a cazar, pero no es así. Ellos buscan insectos sobre las aguas y la luz artificial altera completamente ese entorno.
La flora también se ve afectada. Las plantas tienen gran sensibilidad a la luz. Durante el día hacen la fotosíntesis y por la noche sólo respiran. Además crecen hacia la luz, un fenómeno conocido como fototropismo. Por ejemplo, una planta situada junto a una farola tiende a inclinarse hacia él. Un caso concreto es el de las flores de la Algina de Ceylenia seibureus , de la familia de los cactus, que se abren de noche para ser polinizadas por mariposas nocturnas. Cuando se alteran los ciclos naturales de oscuridad y luz, se desajustan los tiempos de floración, lo que afecta a la relación con los polinizadores.
Esta carencia de sincronía es muy grave, como también lo es con las abejas. Ya sabemos que la población de abejas está disminuyendo, no sólo por la luz, sino por el cambio climático. El aumento de temperatura ha avanzado la floración de muchas plantas, y las abejas no llegan a tiempo para polinizar. Este desajuste puede provocar una elevada mortalidad entre estos insectos. Con la luz ocurre algo similar: se alteran la floración y la polinización, lo que conlleva una menor productividad.
También puede observarse que, cerca de una farola, los árboles florecen antes, y dentro de un mismo árbol, las partes más expuestas a la luz pierden las hojas más tarde. Es un fenómeno bastante visible, que muchos hemos podido comprobar.
Como ven, hay mucho que decir sobre los efectos de la luz artificial sobre la naturaleza y, de rebote, sobre nosotros. Y no sólo es una cuestión ambiental, sino también energética. El exceso de iluminación representa un desperdicio de energía. Desde la Estación Espacial Internacional, se puede ver claramente cómo brilla la Península Ibérica. Portugal, por ejemplo, ha dado pasos importantes para reducir la contaminación lumínica, pero si comparamos con España, especialmente la zona de Madrid, la costa mediterránea, el valle del Guadalquivir y la Costa del Sol, vemos una luminosidad mucho más intensa (figura 3). Incluso en el norte de África, donde podría pensarse que hay menos desarrollo, se detectan áreas altamente iluminadas.
Figura 3. Península Ibérica y norte de África de noche
En Barcelona, una de las zonas más contaminadas lumínicamente es el puerto y la Zona Franca. Si habeis pasado por la Ronda Litoral, lo habreis visto: una cantidad de luz desmedida que se escapa hacia el cielo. ¿Pero realmente hace falta tanta luz? ¿No sería suficiente con iluminar bien el suelo, sin perder fotones hacia arriba?
Cada fotón que se emite representa energía que se ha generado y, por tanto, consumo de electricidad. Estamos perdiendo mucha energía de forma ineficiente. Según datos de la asociación Dark Sky de Estados Unidos, se calcula que se desperdician entre 3.000 y 7.000 millones de dólares anuales en luz innecesaria, lo que equivale a 21 millones de toneladas de CO₂ emitidas. Es un dato que debería hacernos reflexionar.
En la imagen de la Tierra de noche se ve claramente que las zonas más iluminadas son el este de Estados Unidos, Europa y toda la cuenca mediterránea. También Asia oriental muestra una gran intensidad. Todo esto nos demuestra que la contaminación lumínica es un problema global y urgente.
China, como sabéis, está cada vez más desarrollada. Pues allí también existe una gran contaminación lumínica. He encontrado interesante mostrar esta información, aunque sea antigua (figura 4). Debajo se indica que la fuente es del Departamento de Energía de Estados Unidos del año 2011, pero puede dar una idea clara del derroche energético que supone esta problemática.
Figura 4. Gasto energético
Ya hemos hablado anteriormente de los efectos negativos, pero ahora quiero destacar otra cuestión que, aunque puede parecer menos económica o relacionada con la salud, es igualmente importante: la pérdida del cielo como patrimonio cultural. El cielo ha sido durante generaciones y generaciones de humanos una fuente de inspiración para el conocimiento y la cultura. Desde nuestros ancestros, todas las constelaciones que conocemos proceden de mitos que se transmitían desde los orígenes de la humanidad.
Desde que Homo sapiens salió de África, llevaba ya historias sobre el cielo. Estas historias han ido conformando las distintas culturas del mundo. Perder el cielo es perder esa herencia cultural. Un ejemplo son las Pléyades. Hay estudios actuales -que podemos creer o no- que dicen que se las conoce como "las siete hermanas" aunque hoy en día sólo se vean claramente seis. ¿Por qué, pues, ese nombre?
Según algunos investigadores, cuando Homo sapiens salió de África hace unos 100.000 años hablaba de un grupo de siete estrellas. Con el tiempo, estas culturas se expandieron por todo el mundo y, en distintos puntos, seguían hablando de siete hermanas, aunque una de ellas ya no se veía. Con los datos del satélite Gaia, se ha visto que las estrellas Atlas y Pleione tienen un movimiento propio y, actualmente, se ven como una sola a simple vista. Pero hace 100.000 años estaban lo suficientemente separadas como para ser percibidas como dos estrellas distintas. Esto podría explicar por qué se hablaba de siete estrellas y ahora parece que hay una “escondida ”. Esta leyenda podría ser un vestigio de esa época.
Encuentro esto fascinante. Quizás no es cierto del todo, pero demuestra que el ser humano, desde hace milenios, ha mirado al cielo como fuente de inspiración y de conocimiento. Sin esa mirada al cielo, ¿cómo habríamos entendido dónde vivimos, cómo es la Tierra o qué relación tenemos con el universo? Ver el cielo, como el de la fotografía (figura 5), ha sido fundamental. Pero hoy en día, prácticamente el 90% de la población mundial ya no puede ver la Vía Láctea. Esto es muy grave.
Figura 5. Paisaje nocturno con la Vía Láctea
Entonces, ¿cómo podemos luchar contra la contaminación lumínica? Desde hace muchos años, la Agrupació Astronòmica es socia de una asociación que nació en Cataluña: Cel Fosc. Esta iniciativa fue fundada por Pere Horts, que nos dejó hace un par de años. Fue uno de los grandes impulsores de la lucha contra la contaminación lumínica, empezando en Cataluña y extendiéndose a todo el Estado. Hace unos años, incluso incluimos en nuestros estatutos el compromiso de luchar contra esta problemática.
Hace más de veinte años ya se explicaba cómo debían ser las lámparas y farolas, cómo apagarlas a partir de medianoche, qué tipo de bombillas y colores debían utilizarse... Todo esto ya se sabe desde hace mucho tiempo, pero cuesta hacerlo entender y aplicar.
Aquí se ve la página actual de Cel Fosc (figura 6), donde se muestra que se hizo un homenaje a Pere Horts en Figueres, su ciudad natal. Él fue el alma de esa lucha. Cielo Oscuro hoy ya no es sólo de Catalunya, sino que trabaja en todo el Estado. También existen otros defensores destacados de la lucha contra la contaminación lumínica, como Enric Marco, de la Universidad de Valencia; Fernando Jáuregui y David Galadí del planetario de Pamplona; Juan Antonio Alduncín ; Alejandro Sánchez de Miguel, de la Complutense de Madrid; y Jaime Zamorano . Además de defensores, muchos de ellos son astrofísicos que estudian y caracterizan a este fenómeno.
Figura 6. Página web de Cielo oscuro
Cabe recordar que la contaminación lumínica no sólo afecta a los aficionados a la astronomía. También es un grave problema para los profesionales. Por ejemplo, en Chile se está construyendo un gigantesco telescopio de 39 metros de apertura, pero el gobierno chileno está considerando autorizar un complejo industrial a pocos kilómetros de distancia. Esto ha encendido las alarmas entre los astrónomos de la ESO (Observatorio Europeo Austral), porque sería absurdo tener el mayor telescopio del mundo junto a un polígono industrial.
Otra entidad muy activa es la Fundación Starlight , que nació en Canarias de la mano del Instituto de Astrofísica de Canarias. Esta fundación delimita áreas oscuras, crea reservas y destinos turísticos Starlight , y forma monitores para divulgación astronómica.
En nuestra agrupación, tenemos a Aleix Roig, que trabaja con la Fundación Starlight en un proyecto de defensa del cielo oscuro en el Parc Astronòmic de Prades, en Tarragona. También se encuentra el Parc Astronòmic del Montsec, una zona privilegiada, aunque, como se ve en una fotografía, incluso allí se nota la luz proveniente del área metropolitana de Barcelona. En Prades, realizan actividades en las que apagan todas las luces del pueblo para poder contemplar el cielo estrellado. Es una experiencia gráfica e impactante.
En la Fundación Starlight también participa nuestro amigo y socio Josep Massalles , que es embajador, así como Antonia Varela, directora de la fundación, y Paul Malley , una de las personas que más eclipses solares ha observado en el mundo. Josep también forma parte de este ranking de observadores de eclipses.
Por último, quisiera agradecer la ayuda de la organización Dark Sky International, aunque ellos no lo saben. Me han sido muy útiles para preparar esta charla. Es una entidad estadounidense, con sede en Arizona , que ofrece muchos materiales para luchar contra la contaminación lumínica.
En definitiva, la contaminación lumínica tiene en el fondo una solución muy sencilla: un buen diseño de la iluminación. No debería ser tan complicado. Y por último, de Dark Sky he extraído una diapositiva con una frase inspiradora, de esas que tanto gustan a los americanos:
Sólo en la oscuridad puedes ver las estrellas
Esa frase de Martin Luther King resume muy bien la situación. La contaminación lumínica es un grave problema. En resumen, siempre podría hacerse mucho, pero realmente se hace poco. Sin embargo, debemos seguir luchando para que podamos revertirla de alguna manera o, al menos, evitar que empeore.
Coloquio
Yo quería preguntarte sobre el efecto de las pantallas, como los móviles y similares. También me molestan por la melatonina...
Sí, sí, tienes razón. Las pantallas no afectan al cielo directamente —salvo que hubiera millones enfocadas al cielo— pero sí que nos afectan a nosotros. Se ha comprobado médicamente que la luz azul inhibe la producción de melatonina. Por eso, desde hace unos años, todos los dispositivos ya llevan sistemas para enrojecer la pantalla por la noche.
¿Existe normativa al respecto? ¿Los ayuntamientos están obligados?
Sí, sí, existen normativas, e incluso se puede denunciar. Si ves una luz que deslumbra hacia arriba o sufres intrusión lumínica en casa, tienes derecho a quejarte. Ahora bien, todo esto va muy lento. A menudo, incluso los propios ayuntamientos realizan instalaciones que no cumplen la normativa.
Sin ir más lejos, en Sabadell hubo una campaña para renovar el alumbrado. En la primera fase no llegamos a tiempo, y hay una zona que ahora está excesivamente iluminada.
¿Y el tema de los coches? Porque hay luces que molestan mucho. ¡Algunos coches parecen llevar las largas siempre puestas!
Sí, esto también es un factor importante. Los coches son una fuente de contaminación lumínica considerable, sobre todo en las vías transitadas. Si miras una foto nocturna de una ciudad, los faros de los coches son puntos de luz destacados.