ASTRONÓMICA

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Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Lola Balaguer, 23 de abril de 2025

Hoy voy a hablar de un tema que quizás es un poco más diferente de lo que estáis acostumbrados: “No hay planeta B, cuidemos la Tierra”. Os voy a intentar explicar un poco por qué nos interesa o por qué nos tiene que interesar a todos el tema de la sostenibilidad. Y más siendo astrónomos o teniendo interés por la astronomía.

La primera imagen que os pongo aquí (figura 1) fue diseñada por un científico de la Universidad de Reading de Inglaterra, que refleja la evolución de la temperatura del planeta. Uno puede ir a esa web y sacar la evolución de la temperatura de su país o de su región. Y es muy visual, ya que se ve perfectamente como hemos pasado de temperaturas más frescas (color azul) a temperaturas más cálidas (color rojo) desde 1860 hasta la actualidad.

figura1Figura 1. Evolución de la temperatura en España

Yo llevo 18 años trabajando en el grupo de Gaia, así que no puedo evitar poner una imagen de este satélite para explicar lo que sea (figura 2). No se trata de una sola imagen, sino que es una representación de datos. Ya sabéis que Gaia es un satélite de una misión espacial de la ESA (Agencia Espacial Europea), y que ha estado 11 años midiendo y haciendo el mapa más preciso de nuestra galaxia. Ha medido 2.000 millones de estrellas, que corresponde al 1 % de la galaxia, ya que nuestra galaxia contiene unas 200.000 millones de estrellas.

figura2Figura 2. Imagen de nuestra galaxia con los datos de GAIA

El año que viene se publicará un nuevo catálogo de los datos de Gaia, y en 2030 se publicará el catálogo completo. O sea, que aunque la toma de datos de esta misión ya ha terminado, todavía se está trabajando en ellos.

Pero no vengo a hablar de Gaia, lo que os quería decir es que cada estrella de nuestra galaxia debe tener unos cuantos planetas a su alrededor, por lo que el número de planetas que hay en la Vía Láctea debe ser enorme. Y con tanta variedad, seguro que hay planetas que son habitables, como la Tierra o parecidos, o que entran dentro de algunos parámetros que pueden ser habitables. Pero ese no es el problema, el problema -por el que decimos que no hay planeta B para los humanos- es la enorme distancia que nos separa de ellos. No podemos viajar a ninguno de ellos.

Si uno piensa en la distancia que hay a la Estación Espacial Internacional, vemos que está muy cerca, a tan solo 350 kilómetros. Si nos vamos a la Luna, la cosa ya se complica, ya que está a unos 360.000 kilómetros. Llegar allí ya es un poquito más difícil y, de hecho, por eso no se ha ido en mucho tiempo. La siguiente escala son los 80 millones de kilómetros que hay hasta Marte. Hay proyectos y deseos de llevar humanos a Marte, pero es mucho más complicado y tecnológicamente todavía no estamos preparados. Como dice un compañero mío, Jorge Hernández Bernal: "Estamos más cerca de no tener para comer que de llegar a Marte".

Pero si los humanos algún día tenemos que ir a otro planeta, deberemos ir a uno de otra estrella, los demás planetas del Sistema Solar no nos sirven como habitables. Y la estrella más cercana, Próxima Centauri, se encuentra a unos 40 billones de quilómetros de nosotros, que son más de cuatro años luz. Para llegar allí, si uno piensa en la velocidad más rápida de una sonda espacial actual - la Parker Solar Probe- que se mueve a casi 200 kilómetros por segundo, a esa velocidad tardaríamos 7.000 años. Con lo cual ya no estamos en una escala humana. Y eso solo sería para ir a la estrella más cercana, que no necesariamente va a tener un planeta habitable.

Además, hay el pequeño detalle que en el planeta Tierra vivimos 8.200 millones de personas. Entonces, ¿quién irá a otro planeta si es que hay un planeta al que ir? Como dice Michel Mayor, premio Nobel por el descubrimiento de los exoplanetas: "A pesar del increíblemente inmenso número grande de exoplanetas en nuestra galaxia, si la Tierra se vuelve inhabitable, la humanidad no tiene otra opción. No hay una posibilidad real de migrar a otro planeta, no hay un planeta B. Por eso decimos que 'no hay un planeta B' para los humanos, porque no existe esa posibilidad". De ahí el título de la charla, aunque lo que os quiero contar son cosas relacionadas más con la sostenibilidad de la Tierra.

La contaminación lumínica

Para los astrónomos, el primer problema de sostenibilidad es, obviamente, la contaminación lumínica.

Yo tuve la suerte de empezar hace 18 años con mi tesis doctoral en la Universidad de Barcelona. Fui parte del equipo que hizo una campaña de medición de contaminación lumínica por toda Cataluña. Montamos un plan piloto de evaluación de contaminación lumínica que dio pie a la primera ley de ordenación ambiental de iluminación de la Generalitat de Catalunya. Esta ley fue la primera a nivel estatal después de la de La Palma, en Canarias, debido a los observatorios astronómicos que hay allí.

Hay muchas definiciones para la contaminación lumínica, pero básicamente es cualquier efecto adverso de la luz artificial que incluye difusión en el cielo: el deslumbramiento, la intrusión, el desorden de uso, el despilfarro de energía. Es una gran pérdida, no solo de energía y de contaminación a muchos niveles, sino, sin duda también, una pérdida cultural, del conocimiento del cielo. El cielo es de todos y todos deberíamos ser capaces de disfrutarlo, y eso, por desgracia, no ocurre.

Además, resulta que la contaminación lumínica no es un problema local sinó global. Si contaminamos en un sitio, afecta mucho más allá. Os muestro una imagen tomada desde el Pico del Buitre, en Javalambre, (figura 3) y desde allí se puede ver la luz de Barcelona, que está a 300 km de distancia, la luz de Valencia (a 100 km) o la luz de Madrid (a 200 km).

figura3Figura 3. Horizonte visto desde Javalambre

Cuando los astrónomos o los científicos vemos un problema, lo primero que hacemos es medirlo. Hay muchos proyectos de medida de contaminación lumínica, pero os voy a contar el nuestro, que tiene dos partes y que además está relacionado con Gaia.

Por un lado, desarrollamos un fotómetro para medir el brillo del cielo. Hay muchos tipos de fotómetros, pero este tiene la gracia que se lo puede construir uno mismo. Se compran las piezas en Alibaba, te llegan a casa, te lo montas y tienes tu fotómetro. Fue desarrollado por nuestros compañeros de La Coruña y Vigo. Por otro lado, nuestro compañero Eduard Massana hizo el modelo para la obtención del brillo natural del cielo. Porque el cielo natural no es constante, como ya sabéis, a veces hay Luna, a veces se ve la Vía Láctea, a veces hay aerosoles, etc. Todo esto sin contar las nubes que también se pueden incluir.

La gracia de este proyecto es que el fotómetro envía el dato actual que tú ves y el modelo dice lo que deberías estar viendo, y es esa diferencia la que da el nivel de contaminación. Y toda la parte estelar, el modelo lo obtiene de los datos de la misión Gaia. Esto es lo que ha hecho que nuestro equipo acabara trabajando en este proyecto.

Pero la contaminación no es solo un problema para los astrónomos, sino que tiene efectos para todos los seres vivos. Más del 50 % de los seres vivos -la gran mayoría- son de hábitos nocturnos. El 80 % de las mariposas, el 65 % de las aves que migran, lo hacen de noche. Si cambiamos la noche estamos afectando a sus patrones de migración. El 93 % de los anfibios y la gran mayoría de los insectos, también son nocturnos. O sea que la contaminación lumínica tiene un gran impacto en todos estos seres vivos.

El zooplancton que ayuda a la depuración del agua, con luz no tiene una migración vertical y el agua no se limpia.  Con lo cual, se acaba provocando un efecto en cascada.

A los humanos también nos afecta. Si de noche recibimos luz azul, se inhibe la melatonina y provoca problemas de cronodisrupción, lo que provoca problemas de obesidad, diabetes, alzheimer, enfermedades coronarias, etc. O sea que no se trata solamente de la pérdida de un cielo como cultura o para la astronomía, sinó que los efectos van mucho más allá.

Además, es curioso ver en la foto de noche (figura 4) que los países del norte son los lumínicamente más contaminados. Esto ocurre con casi todo tipo de contaminación. Los del norte somos los que contaminamos más.

figura4Figura 4. Mapa terrestre nocturno

Además, poner luz donde no hace falta es un claro despilfarro energético y eso tiene el precio de una huella de CO2 más grande que aumenta la temperatura del planeta. El despilfarro energético de la luz es un caso increíble. Desde los años 70 se ha duplicado la cantidad de luz que utilizamos para alumbrar, y es increíble que teniendo LEDs –que son luces muy eficientes y mucho más baratas– gastamos más dinero en electricidad que nunca. Al contrario, ahora se ponen más luces porque es más barato.

Y todavía hay otro efecto producido por la contaminación atmosférica: al iluminar de noche hay reacciones fotoquímicas que se producen normalmente de día y que de esta manera también se producen de noche, provocando efectos de contaminación atmosférica de segundo grado.

Para terminar, mucha gente dice que la luz es necesaria porque es más seguro. Hay estudios que demuestran que no es cierto, que iluminar más no siempre quiere decir más seguridad. A veces se produce lo contrario, si se ilumina muy bien una zona y queda alguna esquina que no está tan bien iluminada, se convierte en un foco de inseguridad. Lo importante no es iluminar poco, sino iluminar bien y no iluminar en exceso. Este es siempre el mensaje: más no es necesariamente mejor.

La basura espacial

Otro de los temas que nos preocupa a los astrónomos, y que nos debería preocupar a todos es el de la basura espacial. En la siguiente imagen (figura 5) podemos ver que alrededor de la Tierra hay un montón de basura espacial. Se puede ver coloreada según su tamaño. Hay unos 130 millones de objetos alrededor de la Tierra de más de un milímetro; 1,2 millones de objetos mayores de un centímetro; y 50.000 objetos mayores que 10 cm. De todos ellos sólo 10.200 son satélites activos, todo lo demás es basura.

Llevamos 60 años de carrera espacial, durante los cuales ha habido más de 6.000 lanzamientos. Cuando se lanza un cohete con carga, el cohete, el satélite y demás piezas quedan flotando alrededor de la Tierra. Llevamos 9.300 toneladas lanzadas al espacio. Y de todos esos objetos que no hacen nada, que son basura, solo hay unos 28.000 de los que hacemos seguimiento. Hay una red de telescopios que se dedican a mirar dónde está la basura para avisar a los satélites activos que se les viene encima un trozo de basura. Esto ya ha pasado, incluso con la Estación Espacial Internacional. Evidentemente, solo se pueden visualizar los objetos más grandes.

figura5Figura 5. Dibujo con toda la basura espacial que hay alrededor de la Tierra.

El problema que alrededor de la Tierra se llene de basura espacial es lo que se conoce como el síndrome de Kessler. Cuando se llega a una cantidad crítica de restos se producen colisiones que a su vez hacen que haya más trozos de basura y cada vez más colisiones, hasta que llega un momento en que algunas órbitas importantes son completamente inútiles. Estamos hablando de las órbitas donde están nuestros GPS, todas las comunicaciones que usamos en la vida moderna. Hoy en día no podríamos vivir sin móviles ni televisores. Se trata realmente de un problema bastante gordo. Debemos intentar evitar estas colisiones en cascada y que se vayan llenando órbitas en las que no se podrá enviar nada más.

Desde el 2002 hay una serie de recomendaciones internacionales para las agencias que envían satélites al espacio, pero no hay una policía internacional o inspectores internacionales. Solo son recomendaciones y en principio todas las grandes agencias como la ESA, la NASA, la JAXA, etc. ya las tienen en cuenta. Hacen que los diseños de cohetes y satélites minimicen la pérdida de material, que no se les caigan trozos. Antiguamente eso no le importaba a nadie.  

Estas órbitas de las que hablamos son distintas que la órbita donde está situada Gaia. Casi todos los satélites de astronomía se sitúan a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en el llamado punto de Lagrange 2, que es un punto estable. Allí es otra cosa, aunque también las recomendaciones son las mismas, no están alrededor de la Tierra.  Lo que hemos hecho con Gaia es que, cuando ha terminado su vida útil, hemos utilizado el combustible que le quedaba para ponerla en una órbita cementerio, donde sabemos que no colisionarán al menos durante 100 años. De esta manera nuestra generación se libra, pero ahí queda eso. Otras generaciones lo trabajarán de otra manera.

Otra cosa son las órbitas más bajas. Los satélites que orbitan en órbitas bajas, cuando se acaba su vida útil se desorbitan y se queman contra la atmósfera. Esto está muy bien porque deja la órbita libre, pero estamos contaminando la atmósfera.

La prevención de colisiones se hace con las redes de seguimiento espacial. Muchos telescopios -también uno del Montsec- se dedica a medir y a informar de dónde están todos estos trozos. Os muestro un gráfico (figura 6) donde se puede ver desde 1960 hasta hoy en día la cuenta de objetos que hay alrededor de la Tierra. En color azul tenemos los satélites (en uso o no); en color naranja tenemos los trozos de cohetes; y en color gris tenemos trozos que no se sabe qué son.  Puede verse que desde los años 70 el crecimiento es exponencial.

figura6Figura 6. Evolución temporal de la ocupación de órbitas.

Como astrónomos nos preocupa mucho el enjambre de satélites Starlink, que pretende enviar unos 40.000 satélites al espacio. Y se trata de una sola empresa, porque luego hay más empresas privadas y más países que quieren hacer lo mismo. Se trata de un gran problema, y la Sociedad Española de Astronomía tiene un grupo de trabajo dedicado a eso, están intentando que se intente minimizar este efecto.

Cuando los astrónomos tomamos una imagen del universo muchas veces aparecen trazas debido a los satélites. Esto afecta la fotometría, pero todavía más a la radioastronomía.

El cambio climático

Hablando de la atmósfera, no podía dejar de hablaros de que las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, que están reduciendo la atmósfera. Se trata de uno de los efectos más patentes de cómo el cambio climático de origen humano nos está afectando. La estratosfera se ha reducido en 400 metros de grosor, y hay que recordar que es la capa donde se encuentra la capa de ozono.

Como astrónomos también podemos pensar si el cambio climático pudiera ser debido al Sol. Hasta los años 60 podía pensarse que sí porqué la irradiancia del Sol aumentaba al mismo ritmo que la temperatura terrestre (figura 7), pero desde entonces se ha visto que la irradiancia del Sol ha disminuido mientras que la temperatura terrestre se ha disparado. Por lo tanto, ya está demostrado y aceptado que todo el cambio de temperatura, que todo el calentamiento global, es de origen antropogénico. Somos los hombres los que provocamos que la Tierra aumente de temperatura.

figura7Figura 7. Irradiancia del Sol y temperatura terrestre a lo largo de los años

Los científicos consiguieron convencer a los políticos y ésos firmaron los acuerdos de París. En aquella época se calculó que un aumento de temperatura de hasta un grado y medio era soportable para la Tierra, pero que a partir de este valor ya era peligroso. Actualmente ya ha aumentado 1,3 grados. De los acuerdos de París ya nadie se acuerda, y con el escenario más optimista, llegaríamos a final de siglo con un aumento de 1,9 grados. Pero si seguimos como ahora y no hacemos nada más, la temperatura subirá 2,7 grados. Cabe pensar que, a partir de 3 grados, los modelos nos dicen que es catastrófico, y que entraríamos en lo que llaman un tipping point, es decir, una escala de catástrofes en las que la Tierra no sería capaz de rehacerse. Bueno, mejor dicho, lo que está en peligro no es la Tierra sino la habitabilidad de la Tierra. Es un problema de los humanos, de nuestra civilización.

Por lo tanto, no estamos haciendo lo suficiente. Tendríamos que mejorar mucho para no llegar a ese nivel de los tres grados. Hay estudios que dicen que el 10 % más rico de la población emite casi la mitad de todo el CO2, mientras que el 50 % más pobre solo es responsable de un 10%. Otro estudio dice que los países desarrollados somos responsables del 92 % del exceso de emisiones. Por ejemplo, solo un 10 % de la población ha viajado alguna vez en avión, y solo un 1-2 % de la población viaja con frecuencia en avión y ha viajado internacionalmente. Eso nos coloca un poco dónde estamos y quién es parte del problema y también parte de la solución.

En 2009 los investigadores del Instituto de Resiliencia de Noruega, Rockström y compañía, inventaron lo que llaman los límites planetarios, que son las condiciones físicas, químicas y biológicas que serían necesarias para la vida humana. Y aquel año ya vieron que tres de estos límites ya los habíamos superado. En 2015 ya habíamos superado cuatro límites, pero es que, en 2023 -la última vez que se miró- ya había seis límites superados (figura 8). De estos límites, el cambio climático solo es uno de ellos. Hay muchas más cosas. Y como veis, algunos de los límites ya están superados a un nivel en exceso.

figura8Figura 8. Límites planetarios y sus estados en 2009, 2015 y 2023.

Uno de los ejemplos es la subida del nivel del mar. Como que el planeta se está calentando, los polos se están deshelando y el nivel del mar sube. Pero es más complicado de lo que parece porque existe un efecto de desbordamiento marino. Por los cambios de oleajes, mareas y presión atmosférica, se ha visto que eso hace que el número de horas en que se producen subidas del mar es aún más grande, y ese desbordamiento marino es proporcional también a la subida del mar. O sea que se producen efectos en cadena. Cuando vemos que ocurre uno resulta que no es tan malo como lo pensamos, sino que es peor.

Otro ejemplo que a mí me llama mucho la atención es el número de desastres de más de mil millones de dólares (coste en Estados Unidos). En los años 80 se producían unos 5 grandes desastres por año, mientras que ahora ya estamos en 25 por año. Estos desastres son tormentas, inundaciones, fuegos, sequías, etc. Y esto es una medida muy clara. Debido a ello, las aseguradoras no quieren asegurar muchas más cosas que antes. O sea, que también es un gran problema económico.

Contaminación atmosférica

Otro tema escandaloso, y que tampoco veo mucho en la televisión, es la contaminación atmosférica. La contaminación atmosférica de las ciudades genera nueve millones de muertes prematuras al año. Vivimos en ciudades y tenemos muy asumido que están muy contaminadas y que moriremos antes. Tendría que salir más en las noticias.

En 2020, los humanos hemos conseguido superar la biomasa. La masa creada por los humanos (llamada también antropomasa) es el cemento, la grava, los ladrillos, el asfalto, los metales… En la capa de la biosfera donde vivimos, ya hay más masa creada por nosotros que biomasa. Es bastante llamativo cómo estamos haciendo lo mismo aquí en la Tierra que con la basura espacial alrededor de la Tierra.

Podríamos preguntarnos por qué, como astrónomos, deberíamos preocuparnos por la sostenibilidad desde el punto de vista de la astronomía. La razón es que hay motivos claros. En primer lugar, tenemos una perspectiva única de nuestro planeta. Sabemos cómo de único es este planeta y que no hay otro planeta accesible que sea habitable. Además, nuestra huella de carbono es entre dos y seis veces mayor que la media, debido a nuestras infraestructuras, por lo mucho que viajamos, por la computación que hacemos, etc. Y, además, hay observatorios que ya están afectados por el cambio climático, sobre todo los observatorios de los países del sur. Es un tema que nos toca de primera mano.

Volvemos a lo de antes. Como astrónomos, cuando vemos un problema lo primero que tenemos que hacer es medirlo. Vamos a medirlo para ver cómo lo podemos solucionar. Los franceses, que siempre se organizan muy bien, tienen una asociación de todos los investigadores que se llama Labos 1.5 y que intenta hacer medidas para ver cómo afrontar el problema. Crearon una herramienta para medir cuál es la huella de CO2 de la astronomía -o de cualquier otro centro científico-. Esta herramienta es de acceso abierto y cualquiera puede usarla. En 2019 ya se usaba en 112 laboratorios franceses y hoy en día se ha convertido en una herramienta estándar a nivel mundial.

Otra de las preguntas es cómo se compara la astronomía con otras ciencias. Resulta que los astrónomos somos los científicos que más viajamos, que más kilómetros hacemos. Vamos a lugares muy bonitos -los observatorios- que están en sitios poco accesibles y lejanos como Hawái, Chile o Canarias. También realizamos conferencias por todas partes. Curiosamente, las medidas que limitan el número de viajes no son demasiado bien acogidos por los científicos. Dicen que esto limita el conocimiento de los más jóvenes, aunque es mentira, ya que los que más viajan son los seniors porque son a los que más invitan a conferencias. 

Nuestra huella de carbono es muy desigual. Un estudio con esta herramienta que se hizo en Australia mostró que lo peor era la computación, porque allí la energía más usada es la basada en combustibles fósiles. En Europa, por el contrario, lo peor son los viajes de los astrónomos. Se calculó también que la mitad de la huella de una conferencia la produjeron el 10% de los participantes que eran intercontinentales, por lo que se dedujo que la huella de carbono de un congreso virtual es 3.000 veces menor que la de uno presencial.

Pero, en cualquier caso, la huella más grande viene de los observatorios. Las infraestructuras son terriblemente emisoras de contaminantes. Las emisiones por instalaciones astronómicas en 2022 llegaron a ser de 36,6 toneladas de CO2 por año y por astrónomo, cuando el objetivo por persona tendría que ser de 2 toneladas. O sea que, por persona, cada astrónomo está colaborando en este desastre de este nivel.

El número de infraestructuras, que incluye tanto observatorios terrestres como espaciales, crece sin cesar. Hubo un gran pico en los años 70 cuando hubo muchas misiones interplanetarias, y ahora está volviendo a haber otro pico.

Se hizo un estudio en el que se evaluó el orden de magnitud de la emisión de CO2 de todos los observatorios que hay, y como cambia con los años de vida de los mismos; y también la emisión de CO2 por publicación y autor. Todo ello para poder evaluar mejor lo que hacemos y si merece la pena o no. También se complementó con la parte de los satélites astronómicos. Por ejemplo, se vio que el Telescopio Espacial Hubble es el que, de entrada, tiene la huella más grande, pero luego, cuando se ve el número de publicaciones que se han producido con sus observaciones, el impacto por publicación y autor baja mucho. Hace falta buscar un equilibrio entre el impacto ambiental, el interés de la comunidad y el rendimiento científico. No todo vale.

¿Qué estamos haciendo para reducir este impacto? Os pongo el ejemplo del Observatorio Austral Europeo, que es uno de los que se lo está tomando más en serio. Tiene toda una serie de protocolos, de seguimiento, de documentación, del cálculo de la huella, de integración de la sostenibilidad en los futuros diseños, de reducción del gasto energético, etc. Además, tiene como objetivo que toda la energía consumida sea renovable, promociona que los transportes de cosas se hagan de manera marítima en lugar de aérea, y que se reduzca el nivel de desplazamientos que se hacen. También tiene en cuenta el impacto ambiental en las compras, en la contratación de servicios, en la prolongación de la vida útil de los equipos (si algo se estropea no se tira, sino que se arregla en vez de comprar uno nuevo), y cada vez tienen más vehículos eléctricos.

En la siguiente imagen (figura 9) os he puesto un listado de los observatorios astronómicos españoles con el consumo de electricidad anual. Se puede ver que hay instalaciones que consumen mucho más como el sincrotrón Alba, el CERN o el alumbrado público de España.

PB tab01Figura 9. Consumo eléctrico anual de los observatorios astronómicos españoles

El consumo de electricidad sirve para mover las cúpulas y los telescopios, sobre todo. En el Observatorio de Calar Alto tiene una planta fotovoltaica y una caldera de biomasa para intentar paliar todo lo posible su consumo eléctrico, y conseguir tener una cuota de autosuficiencia lo más grande posible. Lo mismo hacen en Javalambre, donde han hecho instalaciones solares e instalaciones geotérmicas con las que llegan a casi un 70 % de contribución renovable. O en Galáctica, que también están poniendo placas solares.

Y lo mismo en el Gran Telescopio de Canarias (GTC), que es un verdadero ejemplo a seguir en cómo están llevando todo el tema de sostenibilidad, ya que incluso tienen una persona contratada, experta en sostenibilidad, para que les ayude a hacer la transición lo mejor posible. Con ello han conseguido tener una movilidad del 100% eléctrica. Además, debe tenerse en cuenta que está situado en el Roque de los Muchachos, un parque natural, un sitio espectacularmente bonito, pero también muy limitado por las posibilidades que tienen para poner placas solares. El agua, por ejemplo, la suben en cisternas y están muy interesados en hacer vertido cero, en que se recicle al máximo. Y tienen un plan de sostenibilidad muy completo desde el punto de vista ambiental, económico y social.

Para hablar de un observatorio más cercano, tenemos el Observatorio del Montsec, el cual también está haciendo un esfuerzo en intentar paliar la parte de energía, para hacerlo lo más sostenible posible.

A nivel de astrónomos de a pie, por decirlo de alguna manera, también hay iniciativas dentro de la sociedad astronómica europea y de la española. Se creó un comité de sostenibilidad en el año 2020 y se ha estudiado la huella de carbono de los astrónomos profesionales en España dentro de nuestras limitaciones. Hemos hecho dos encuestas, una prepandemia y otra postpandemia, y ahora las estamos estudiando y comparando. Un primer resultado nos indica que se ha reducido mucho la cantidad de viajes. También recopilamos información de lo que hacen las distintas instituciones. Recogemos la opinión de los astrónomos sobre qué más se puede hacer. Y contribuimos a la reflexión general con charlas como ésta.

Hay un sector de los científicos que opina que hay que hacer mucho más, y que el camino es la desobediencia civil. Son muy valientes y se manifiestan delante del Congreso. Algunos, incluso, han acabado en la cárcel.

Todo el mundo dice: “Bueno, es que no podemos hacer nada, esto ya está todo perdido, está muy mal y no hay nada que hacer”. Por eso me gusta poner un ejemplo de éxito: el Protocolo de Montreal. Cuando se descubrió que la capa de ozono se estaba reduciendo, en 1987 se firmó este protocolo. Se identificó que los compuestos responsables —los clorofluorocarbonos (CFC), presentes en los aerosoles antiguos y en sistemas de refrigeración obsoletos— estaban dañando seriamente la atmósfera. Gracias a su prohibición, la capa de ozono ha comenzado a recuperarse. Y no solo eso: en 2021 se demostró que, sin el Protocolo de Montreal, la temperatura a finales de siglo sería dos grados más alta de lo que será con su implementación.

Es decir, cuando se actúa, se pueden lograr avances. Solo necesitamos cambiar la trayectoria.¿qué podemos hacer? Lo primero es informarnos. Aquí os dejo la página de nuestro grupo de trabajo en la SEA (https://www.sea-astronomia.es/grupo-de-trabajo-sea-cero-co2), y también la de Fernando Valladares (https://www.valladares.info), un ecólogo y científico que invitamos a la última asamblea de la Sociedad Española de Astronomía, celebrada en Granada. Le pedimos que diera una charla plenaria para que todos los astrónomos escucharan, de boca de un científico —aunque no astrónomo—, qué debemos hacer ante esta situación. Algunas de las diapositivas que estoy mostrando son suyas.

Y como hoy es Sant Jordi, os recomiendo su libro La recivilización: lo que debemos repensar para poder seguir existiendo. Porque los cambios van a llegar sí o sí; lo mejor es hacerlos antes de que nos los impongan.

Además, podemos aprender de lo que hacen otras instituciones, colaborar, adoptar buenas prácticas, unirnos a grupos locales o internacionales como Astrónomos para el Planeta Tierra. Y hablar. Dicen que una de las mejores cosas que se puede hacer por el clima es simplemente hablar del tema, concienciar. Comentarlo con nuestros vecinos, con nuestras familias… Cuanta más gente se involucre, más influencia podremos tener. Aún estamos a tiempo, pero el tiempo no nos sobra.

Quiero hablaros brevemente de Astrónomos para el Planeta Tierra. Es una red que agrupa a estudiantes, profesorado, científicos y aficionados que comparten la preocupación por el futuro del planeta y quieren usar la astronomía como herramienta para promover la sostenibilidad. Os animo a uniros si os interesa. Ya somos más de 700 miembros en todo el mundo. Aunque la mayoría de las actividades son en inglés, también hay una sección en castellano, con bastante participación desde América Latina.

Y no podía terminar sin una frase de Albert Einstein, que aunque pertenece a otro contexto, encaja perfectamente aquí: “Aquellos que tienen el privilegio de saber, tienen también la obligación de actuar.”

Coloquio

Simplemente una anécdota. En los años 60 hicimos la primera vez que visitamos el Observatorio Pic du Midi, en el Pirineo francés. Allí nos explicaron que el principal problema de contaminación que tenían en el horizonte era la zona de Barcelona, la región de Cataluña. Si miraban la curva de la luminosidad era Barcelona. Sí, no creo que haya ido a mejor.
Sí, es un problema que lleva desde hace mucho tiempo.

¿Qué vida útil tienen los satélites Starlinks o semejantes?
El tema de los Starlink asusta mucho, lo que tú dices. 40.000 satélites solo de una empresa. Y bueno, es verdad que hasta ahora uno confiaba en que las empresas, al menos las americanas, seguirían un poco las normas, pero con Trump estamos todos un poco asustados.