Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Xavier Modamio, 3 de junio de 2026.
El primer punto importante sobre la arqueoastronomía es que, de alguna manera, ha existido una especie de moda en torno a este tema. Mucha gente se ha interesado por la cuestión, pero también ha recibido numerosas críticas. Seguramente muchos recordaréis una época en la que había un señor que atribuía absolutamente todo a los extraterrestres. Actualmente, una de las críticas que se hacen a la arqueoastronomía es que algunos investigadores tienden a interpretar todo en clave astronómica.
Es una crítica que, hasta cierto punto, es aceptable. Para evitar caer en esa trampa, nosotros decidimos centrarnos exclusivamente en aquello que reconoce la UNESCO. Por tanto, hablaremos de lugares, objetos y evidencias catalogados por la UNESCO, a los que esta institución atribuye un valor patrimonial reconocido. De este modo evitamos discusiones sobre si una interpretación es más o menos especulativa.
La definición que da la UNESCO de patrimonio astronómico es la siguiente: el patrimonio astronómico es la evidencia relacionada con la práctica de la astronomía y con los usos y representaciones sociales de la astronomía.
La propia UNESCO distingue cuatro grandes categorías de elementos relacionados con la arqueoastronomía: monumentos y lugares, artefactos, conocimientos y la relación entre paisaje y cielo. Nosotros nos centraremos en las tres primeras.
Existe una página web muy interesante llamada Astronomical Heritage. La recomiendo porque permite descubrir muchas cosas y reúne elementos que la UNESCO considera relevantes desde el punto de vista astronómico. Naturalmente, siempre puede haber debate, pero se considera que existe una base sólida para su interpretación astronómica. Hoy solo haremos una pequeña selección, porque si intentáramos hablar de todos ellos necesitaríamos mucho más tiempo. Hay una gran cantidad de casos interesantes y nos limitaremos a comentar algunos de los más destacados.
Calendarios
Si nos fijamos en el patrimonio inmaterial, uno de los ejemplos más importantes son los calendarios. Se trata de sistemas desarrollados a lo largo de la historia y que, en muchos casos, tienen una clara base astronómica. Básicamente, podemos distinguir tres grandes tipos de calendario: el lunar, el solar y el lunisolar.
El calendario lunar se basa exclusivamente en las fases de la Luna. Es esa idea que aparece a menudo en las películas cuando alguien dice: «Nos veremos dentro de tres lunas». Era una manera muy práctica de medir el tiempo. De hecho, todavía hoy algunos calendarios se basan principalmente en la Luna, como por ejemplo el calendario musulmán.
Sabemos que las diferentes fases lunares se repiten de manera regular y que el ciclo completo tiene una duración media de unos 29 días y medio.
La gran ventaja de este sistema es que resulta muy fácil de seguir. Cualquier persona puede observar la Luna y situarse fácilmente dentro del mes. En el calendario musulmán y en el hebreo, el mes comienza con la aparición del primer creciente visible; en el calendario chino, con la luna nueva.
Los calendarios lunares siguen los ciclos lunares, son fáciles de calcular y tienen comienzos y finales muy evidentes. Su principal inconveniente es que no permiten seguir correctamente el ciclo de las estaciones, por lo que no resultan muy útiles para las sociedades agrícolas. Por ello han sido especialmente adecuados para pueblos nómadas, como muchas tribus norteamericanas o las poblaciones de la península Arábiga antes de la expansión de la agricultura.
Si pasamos al calendario solar, este se basa en el ciclo anual del Sol. Los primeros grandes calendarios solares fueron los egipcios. Los egipcios dependían de las crecidas del Nilo y necesitaban saber cuándo llegarían las inundaciones y los sedimentos que permitían la agricultura. Por ello les interesaba enormemente disponer de un calendario preciso.
Un elemento especialmente importante era la aparición helíaca de Sirio, es decir, su primera aparición visible antes de la salida del Sol. Este fenómeno coincidía aproximadamente con la llegada de las grandes inundaciones del Nilo.
La gran ventaja de los calendarios solares es que siguen correctamente las estaciones y resultan muy útiles para determinar los períodos de siembra y cosecha. Su inconveniente es que el inicio y el final de los períodos no son tan evidentes como en el caso lunar. Sin un calendario es muy difícil saber exactamente cuándo comienza el año.
Además, son sistemas más complejos y, históricamente, han requerido especialistas para calcularlos. A menudo esta función estaba en manos de los sacerdotes. De hecho, en muchas sociedades agrícolas una parte importante de las funciones sacerdotales consistía precisamente en la elaboración y mantenimiento de los calendarios.
Por último, tenemos los calendarios lunisolares, que intentan combinar las ventajas de los sistemas lunar y solar. Aquí aparece un importante problema matemático. El año solar dura aproximadamente 365,25 días, mientras que un mes lunar dura unos 29,5 días. Esto hace que doce meses lunares sumen únicamente unos 354 días. Por tanto, ambos ciclos no coinciden. Cada año lunar queda aproximadamente once días por debajo del año solar.
Para solucionar este problema, algunos calendarios, como el hebreo, incorporan periódicamente un mes adicional. Aproximadamente cada dos o tres años se añade un decimotercer mes para volver a sincronizar el calendario con las estaciones. Este procedimiento es característico de los calendarios lunisolares.
El Disco de Nebra
Si pasamos a los objetos, encontramos toda una serie de artefactos que se interpretan como elementos con significado astronómico.
Uno de los ejemplos más fascinantes es el Disco de Nebra (figura 1). Tiene una antigüedad de entre 3.600 y 4.000 años y fue descubierto en Nebra, Alemania. Se trata de un disco de unos treinta centímetros de diámetro y muy fino, prácticamente como un disco de vinilo.
Tiene una cara decorada con incrustaciones metálicas y otra completamente lisa.
Figura 1. Disco de Nebra
Fue hallado en Nebra, en una zona asociada a la cultura de Únětice, una cultura de la Edad del Bronce que se desarrolló en Europa Central hace aproximadamente 3.600 años. Esta cultura ocupaba una amplia región del centro de Europa, y Nebra se encontraba dentro de este ámbito cultural.
Aunque estamos hablando de hace unos 3.600 años, ya existía una organización social muy estructurada, con una clara jerarquía y élites dirigentes. Era, evidentemente, una sociedad eminentemente agrícola.
Como os decía, el disco es de bronce con incrustaciones de oro. También es interesante destacar que las espadas encontradas a su lado son claramente espadas ceremoniales. Aunque eran de bronce, incorporaban elementos de oro, lo que las hacía poco prácticas para el combate real.
Si observamos el disco con detalle, podemos identificar diversos elementos. La gran circunferencia podría representar el Sol o la Luna llena, aunque no existe un consenso absoluto sobre esta cuestión. En cambio, lo que parece bastante claro es que aparece la figura de la Luna en cuarto creciente. A su alrededor se representan numerosas estrellas.
En la parte inferior encontramos un elemento que algunos interpretan como un arco celeste, mientras que otros consideran que representa una barca solar. Si os fijáis bien, parece que pueden distinguirse una especie de remos. Según esta interpretación, sería una representación semejante a la barca solar egipcia, que transportaba el Sol durante la noche para que pudiera reaparecer al día siguiente. Las cronologías son aproximadamente contemporáneas y esto ha llevado a algunos investigadores a plantear posibles influencias culturales.
El otro elemento realmente fascinante es el pequeño grupo de estrellas que aparece representado: se trata de las Pléyades. El resto de las estrellas parecen distribuidas de forma bastante aleatoria. Diversos investigadores han estudiado su disposición y no han encontrado un patrón claro. En cambio, la representación de las Pléyades es inequívoca.
A partir de aquí han surgido diversas interpretaciones. Una de las más conocidas sostiene que, si nos situamos en la cima de Mittelberg, donde fue hallado el disco, y lo orientamos correctamente, los dos arcos laterales indican aproximadamente la posición de la salida del Sol durante el solsticio de verano y el solsticio de invierno.
Otra interpretación afirma que esta configuración celeste podría indicar el momento en que debía añadirse un mes intercalar para ajustar un calendario lunisolar. Dicho de otro modo, esta cultura podría haber utilizado un calendario que combinaba los ciclos del Sol y de la Luna y sabía cuándo era necesario añadir un mes suplementario para mantenerlos sincronizados.
Naturalmente, se trata de interpretaciones y no de certezas absolutas. Sin embargo, esta es la lectura que realizan actualmente diversos especialistas, incluidos los investigadores del Museo Estatal de Halle, donde se conserva el disco.
Sombreros de oro
Los llamados sombreros de oro tienen una antigüedad de entre 2.800 y 3.400 años. Corresponden a la Edad del Bronce europea y se asocian principalmente a la cultura de los túmulos, que se desarrolló en gran parte de Europa Central. Posteriormente, esta tradición cultural evolucionó hacia la cultura de los campos de urnas, aún más extensa y con influencia incluso en la península Ibérica. Se cree que fue durante este período cuando se fabricaron estos extraordinarios objetos.
Actualmente se conocen cuatro ejemplares principales. El más antiguo es el de Avanton, en Francia; después encontramos el de Schifferstadt, en Alemania, con unos 3.300 años de antigüedad; también está el de Ezelsdorf-Buch, de unos 3.000 años; y finalmente el famoso Sombrero de Oro de Berlín (figura 2), llamado así porque se conserva en el Museo de Berlín, aunque probablemente fue descubierto en la región de Suabia.
Figura 2. El sombrero de Berlín
Como siempre, existen diversas interpretaciones. La más aceptada es que eran utilizados por sacerdotes o personajes de alto rango y que simbolizaban no solo poder, sino también conocimiento.
Si observamos el sombrero de Ezelsdorf-Buch, veremos que está dividido en varias franjas decoradas con patrones geométricos muy elaborados y perfectamente simétricos.
En el caso del Sombrero de Oro de Berlín, que es el más grande y también el más estudiado, observamos una enorme cantidad de símbolos y marcas distribuidos en diferentes bandas. Algunos motivos presentan más círculos concéntricos y otros menos, y la combinación resulta extraordinariamente compleja. Aquí aparece una de las interpretaciones más sorprendentes.
El arqueólogo alemán Wilfried Menghin propuso en el año 2000 que estos sombreros funcionaban como una especie de calendario lunisolar. Según su teoría, cada franja y cada grupo de símbolos representaría determinados períodos de tiempo que permitirían calcular ciclos lunares y solares.
Si la interpretación es correcta, el sistema permitiría calcular fechas con un margen de error inferior al 0,5 %, una precisión extraordinaria para la época.
Capa de oro y carro solar
De la misma cronología conocemos también otros objetos muy interesantes, como la capa de oro de Mold, descubierta en Gales (figura 3). Probablemente se trata de una pieza ornamental femenina, aunque no se descarta que tuviera algún significado ritual.
También es especialmente destacado el carro solar de Trundholm, descubierto en Dinamarca. Como puede verse claramente, representa un caballo que arrastra un gran disco solar. No sabemos exactamente cuál era su función, pero es evidente que el disco simboliza el Sol.
Una de las interpretaciones más interesantes es que el caballo transporta el Sol durante el día, de este a oeste. En la cara posterior del disco no hay decoración dorada, lo que podría representar el trayecto nocturno, cuando el Sol es invisible.
Figura 3. Capa de oro y carro solar
El cometa Halley
Hablemos ahora del cometa Halley, que seguramente conocéis mejor que yo. No es un hallazgo arqueológico, pero sí ha dejado numerosas evidencias históricas, ya que pasa cada 75 o 76 años y es conocido desde hace siglos.
A lo largo de la historia ha habido varias apariciones especialmente destacadas. Una de las más famosas es la del año 1066. Aquel año el cometa fue observado de manera espectacular y coincidió con la muerte del rey Harold II de Inglaterra en la batalla de Hastings. Posteriormente, Guillermo el Conquistador ocupó el trono inglés.
Como desde la Antigüedad los cometas habían sido interpretados con frecuencia como presagios de desgracias o grandes cambios, muchos contemporáneos asociaron la aparición del Halley con estos acontecimientos. Esta relación quedó inmortalizada en el famoso Tapiz de Bayeux (figura 4).
Si observamos el tapiz con detalle, vemos varias figuras contemplando un objeto brillante en el cielo. Hoy sabemos que se trata de una representación del cometa Halley.
Figura 4. Tapiz de Bayeux con el cometa Halley
Otra aparición especialmente famosa fue la de 1910. En aquella época se llegó a hablar del «cometa del fin del mundo», porque se había detectado que su cola contenía gases como el cianógeno. Algunas personas llegaron a creer que, cuando la Tierra atravesara la cola del cometa, se produciría una catástrofe global. Como podéis imaginar, no ocurrió absolutamente nada.
El atlas estelar chino
Pasemos ahora a otro objeto muy interesante: el Atlas Estelar Chino del siglo XII. Se considera el primer atlas estelar impreso que se conoce. En él aparecen numerosas constelaciones, algunas más fáciles de reconocer que otras.
Este atlas constituye una prueba del elevado nivel de desarrollo alcanzado por la astronomía china, que durante siglos llevó a cabo observaciones sistemáticas del cielo y elaboró catálogos muy detallados de estrellas y fenómenos celestes.
Las cuevas de Lascaux
Si pasamos a los yacimientos arqueológicos, entramos ya en el ámbito de las grandes estructuras que no pueden transportarse y que se conservan in situ.
Un ejemplo destacado son las cuevas de Lascaux (Francia) y su posible panel astronómico, con una antigüedad de entre 15.000 y 17.000 años. Encontramos allí una serie de elementos muy interesantes. Algunos investigadores han identificado calendarios naturales, posibles calendarios astronómicos, representaciones de asterismos e incluso una especie de cosmografía arcaica.
En primer lugar, muchos de los animales representados parecen corresponder a momentos estacionales muy concretos. Por ejemplo, los ciervos aparecen a menudo durante la época de la berrea, es decir, al comienzo del otoño. Los machos muestran sus grandes astas y se encuentran en período reproductivo.
También aparecen rebaños de cabras salvajes, una escena que suele asociarse con el final del verano. Otra representación conocida es el llamado «caballo chino», que parece mostrar una yegua embarazada a punto de parir. Este hecho suele asociarse con el período próximo al solsticio de verano.
Y no solo aparece la yegua con un vientre muy pronunciado, sino también unas plantas que recuerdan a cereales silvestres. En aquella época todavía no existía la agricultura, pero los grupos humanos conocían perfectamente las plantas que podían aprovechar para alimentarse. Por tanto, no solo representaban animales, sino también recursos vegetales importantes para su supervivencia.
Posibles calendarios astronómicos
En cuanto a los posibles calendarios astronómicos, una de las interpretaciones más conocidas se basa en los ciervos en período de berrea. Debajo de una de las figuras aparecen trece puntos. Entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño hay aproximadamente trece semanas lunares.
Pero todavía hay más ejemplos. En otra representación de una yegua embarazada aparecen veintiséis puntos bajo el animal. Curiosamente, entre el equinoccio de primavera y el equinoccio de otoño hay aproximadamente veintiséis semanas.
También encontramos representaciones de uros, los grandes bóvidos salvajes que precedieron a los actuales toros domésticos. Algunos investigadores han sugerido que alrededor de estas figuras pueden reconocerse las Pléyades y las Híades. La correspondencia no es exacta, pero resulta suficientemente sugestiva como para haber despertado un gran interés.
Stonehenge
Stonehenge se encuentra en el condado de Wiltshire, en Inglaterra, y fue construido a lo largo de un período comprendido aproximadamente entre hace 5.100 y 3.600 años.
Tiene una estructura circular formada por grandes bloques de piedra. Sin embargo, no se trata únicamente del círculo principal; a su alrededor existe todo un conjunto de fosos, terraplenes y otras estructuras dispuestas también de forma circular.
Las grandes piedras exteriores forman el llamado círculo de sarsens, del que originalmente había treinta. En el interior había cinco grandes trilitos, es decir, estructuras formadas por dos piedras verticales y una horizontal; y en el exterior encontramos la llamada Heel Stone o «Piedra del Talón», un elemento fundamental para comprender algunas de las alineaciones astronómicas del monumento.
También están las llamadas Station Stones o «Piedras de las Estaciones», situadas en puntos estratégicos. En el centro del conjunto se encuentra la conocida Altar Stone o «Piedra del Altar». Además, existía una sesentena de bluestones o «piedras azules», mucho más pequeñas.
Fijaos en algunas cifras: treinta piedras exteriores, sesenta piedras interiores y cinco trilitos centrales. Quizá estas cantidades no sean casuales.
Durante el solsticio de verano, el Sol sale alineado exactamente con la Heel Stone y sus primeros rayos se proyectan hacia la zona central del monumento. Difícilmente puede tratarse de una casualidad.
Del mismo modo, otras alineaciones del conjunto coinciden con las puestas y salidas del Sol durante los solsticios de verano e invierno. Muchas de estas direcciones coinciden precisamente con la posición de las Station Stones.
Respecto a las interpretaciones, existen muchas. El arqueólogo Timothy Darvill, de la Universidad de Bournemouth, propuso una interpretación según la cual las treinta piedras del círculo exterior representarían los días de un mes. Doce meses de treinta días darían un año de 360 días. Los cinco trilitos centrales representarían los cinco días adicionales necesarios para completar el año solar. Las cuatro Station Stones servirían para marcar los ajustes estacionales.
Naturalmente, esta es solo una de las muchas interpretaciones existentes. Sin embargo, lo que parece evidente es que Stonehenge mantenía una relación importante con la observación de los ciclos celestes.
También conviene recordar que Stonehenge no es un caso único. En Inglaterra existen numerosos otros «henges», es decir, recintos circulares similares. Algunos eran de piedra y otros de madera. En estos últimos casos, la madera se ha degradado con el tiempo, pero las excavaciones arqueológicas han permitido identificar sus huellas.
En Alemania también encontramos ejemplos muy interesantes, como el círculo de Goseck. Se trata de un recinto circular de madera con alineaciones muy parecidas a las de Stonehenge. Sus puertas principales indican las posiciones de la salida y la puesta del Sol durante los solsticios de verano e invierno. La diferencia es que, en este caso, la construcción original era de madera y ha tenido que reconstruirse a partir de los restos arqueológicos.
Los talayots menorquines
Cambiemos ahora completamente de escenario y viajemos a Menorca, donde resulta impresionante la cantidad de restos arqueológicos que se conservan en la isla. La cultura talayótica nos ha dejado tres grandes tipos de construcciones: talayots, navetas y taulas.
Los talayots parecen haber funcionado principalmente como torres de vigilancia o estructuras defensivas situadas en puntos estratégicos. Hasta ahora no se ha identificado en ellos una relación astronómica clara.
Las navetas, en cambio, son monumentos funerarios. La más conocida es la Naveta des Tudons. Si observamos su orientación, veremos que tiende hacia el oeste, es decir, hacia la dirección de la puesta de Sol.
Finalmente tenemos las taulas, probablemente los monumentos más emblemáticos de Menorca. Son grandes estructuras formadas por una piedra vertical coronada por una losa horizontal. La mayoría se encuentran dentro de recintos de carácter ritual o religioso, y gran parte de las taulas están orientadas hacia el sur.
Cuando fueron construidas, hacia el año 1000 a. C., la configuración del cielo era ligeramente diferente de la actual debido a la precesión de los equinoccios. Si reconstruimos el cielo de la época observamos que la salida de Sirio, así como la de otras estrellas destacadas del cielo austral, se producía precisamente en la dirección hacia la que apuntan muchas de las taulas.
Algunos investigadores han sugerido que esta orientación podría estar relacionada con la observación de la Cruz del Sur, visible desde Menorca durante aquel período.
Finalmente, existe una pequeña estructura descubierta en So na Caçana que algunos investigadores interpretan como una especie de calendario. Según esta hipótesis, la disposición de las piedras permitiría seguir tanto ciclos solares como lunares.
Como ocurre a menudo en arqueoastronomía, hay interpretaciones más aceptadas que otras, pero todas ellas nos muestran hasta qué punto las sociedades antiguas observaban atentamente el cielo e integraban estos conocimientos en su vida cotidiana y en sus construcciones.
Chankillo
Viajemos ahora a Perú y hablemos del complejo arqueoastronómico de Chankillo. Se trata de un conjunto mucho más reciente que los ejemplos vistos hasta ahora, datado aproximadamente entre los años 500 y 200 a. C.
El conjunto está formado por un templo fortificado, dos edificios principales —uno de los cuales parece haber funcionado como observatorio y el otro como centro administrativo— y, sobre todo, trece torres alineadas que constituyen el elemento más característico del yacimiento.
Destaca una gran estructura fortificada, que veremos con más detalle a continuación, rodeada de murallas y con diversos recintos circulares en su interior. El conjunto está situado en la cima de una colina.
En la parte baja encontramos el llamado Observatorio Oeste, mientras que el elemento más espectacular es la línea de trece torres perfectamente alineadas. En el otro extremo se encuentra el Observatorio Este. La zona adyacente correspondería a los espacios de habitación y a los almacenes o zonas de suministro. La fortaleza situada en la cima está protegida por tres líneas concéntricas de murallas.
Un aspecto muy interesante es que estas murallas son extraordinariamente gruesas y que los accesos están diseñados de manera que cualquier persona que quiera entrar debe seguir un recorrido en zigzag, lo que indica que se trataba de una estructura defensiva muy importante, concebida para dificultar cualquier ataque.
Si nos situamos en uno de los observatorios, podemos ver la salida del Sol produciéndose entre las diferentes torres. Según la época del año, el Sol aparece entre una torre y la siguiente. Por este motivo se considera que el conjunto funcionaba como un calendario solar. Observando la posición del Sol respecto a las torres era posible determinar con precisión el momento del año.
Además, las torres están alineadas aproximadamente en dirección norte-sur. Esto permitía que un observatorio controlara las salidas del Sol mientras que el otro podía seguir sus puestas.
Observatorio de Ulugh Beg
Otro hallazgo extraordinario es el observatorio de Ulugh Beg, en Samarcanda (actual Uzbekistán), que fue construido en el año 1429.
Su posición estratégica como gran ciudad de la Ruta de la Seda la convirtió en un importante centro comercial, cultural y científico. Su período de máximo esplendor corresponde al Imperio timúrida, entre los siglos XIV y XVI.
Ulugh Beg era un príncipe timúrida y, al mismo tiempo, un extraordinario astrónomo, matemático y científico. A pesar de las dificultades políticas que tuvo que afrontar, impulsó uno de los proyectos científicos más ambiciosos de su tiempo: la construcción de un gran observatorio astronómico.
Según las reconstrucciones, el observatorio era un edificio circular de tres plantas con una gran abertura central y un enorme sextante astronómico. Se trataba de un instrumento gigantesco, de más de treinta metros de radio, construido parcialmente bajo tierra.
El edificio actuaba como una especie de gran cámara de observación. En el caso del Sol, su luz penetraba por la abertura superior y se proyectaba sobre la escala graduada, permitiendo determinar con gran precisión su posición a lo largo del año.
Pero la parte más interesante era la observación de las estrellas. Durante la noche, los astros transitaban por el campo visual del instrumento y sus posiciones quedaban proyectadas sobre la escala graduada con una precisión extraordinaria para la época. Gracias a ello se obtuvieron medidas muy precisas de las posiciones de numerosas estrellas y planetas. Se elaboraron extensos catálogos estelares que se convirtieron en referencia durante siglos.
Uno de los científicos destacados que trabajó allí fue Jamshid al-Kashi, matemático y astrónomo persa. Entre sus obras encontramos diversos tratados dedicados a las dimensiones y distancias de los astros, así como a la mejora de los métodos de cálculo astronómico.
Conviene recordar que la cultura islámica desarrolló un gran interés por la astronomía. Esto se debe, en parte, a que el calendario islámico es lunar y a que la determinación de los horarios de oración requería observaciones astronómicas precisas. Como consecuencia, el mundo islámico impulsó durante siglos importantes avances en matemáticas, trigonometría y astronomía.
En el observatorio de Ulugh Beg se elaboró el famoso catálogo conocido como Zij-i Sultani, una de las obras astronómicas más importantes del siglo XV, que contenía las coordenadas de 922 estrellas fijas observadas con una precisión extraordinaria.
El propio Ulugh Beg calculó la inclinación del eje terrestre respecto a la eclíptica y obtuvo un valor de 23 grados y 30 minutos, muy próximo al real.
Lamentablemente, la historia de Ulugh Beg terminó de manera trágica. A pesar de ser un científico brillante, tuvo graves dificultades políticas. Fue depuesto y asesinado por orden de su propio hijo. Tras su muerte, el observatorio fue destruido y abandonado, y durante siglos permaneció enterrado bajo tierra. Sus restos fueron redescubiertos a principios del siglo XX por arqueólogos rusos. Actualmente solo se conserva una pequeña parte del enorme sextante subterráneo.
Coloquio
¿Todas estas culturas debían tener claro que la Tierra era redonda, verdad?
Obviamente. Que la Tierra era redonda se sabe desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, Eratóstenes, un griego, ya calculó el diámetro de la Tierra.
¿Ha cambiado la inclinación respecto a los puntos cardinales durante los últimos miles de años?
No, eso no cambia. La posición norte-sur y este-oeste es la misma ahora que hace 5.000 años. Lo que sí ha cambiado con los siglos es la estrella polar. En la época de Colón no era la misma que ahora.
¿Cómo es que en el mapamundi de la UNESCO hay pocos yacimientos en Sudamérica?
No soy arqueólogo, pero estoy en contacto con ellos. Las excavaciones son muy caras y necesitan mucha gente. En Europa hay muchos más recursos y es más fácil excavar. En la selva mesoamericana es mucho más complicado. También existen factores económicos y de disponibilidad. Esto explica en parte por qué hay más estudios en Europa.