Conferencia de la Astronómica de Sabadell. Eduard Farré, 27 de noviembre de 2024
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Orígenes (I)
La máquina de Anticitera es muy conocida ya que se ha hablado mucho de ella últimamente y se ha puesto de moda. No es una máquina para encontrar la Atlántida como dice un libro, ni para viajar al pasado como dice el señor Indiana Jones. Tampoco es extraterrestre, como también se ha insinuado alguna vez, y sobre todo no cayó casualmente dentro de un barco hundido en época moderna, como también se ha especulado con ello. Dejemos pues la parte de la fantasía.
Todo empieza en el año 50 a.C. cuando un barco romano - en aquel momento Roma ya dominaba el Mare Nostrum- de unas medidas considerables, pasa o sale de Pérgamo y de Efeso, en la actual costa de Turquía, cargado con muchas mercancías, sobre todo toneladas de estatuas de mármol y bronce. En Rodas, el barco se sobrecarga con muchas ánforas de vino, que pesan mucho, con destino a Roma. La aventura se acaba en el punto amarillo (Figura 1), en la isla de Anticitera, quizás por una tormenta.
Figura 1. Mapa de las ciudades griegas de Pérgamo, Rodas y Éfeso.
Descubrimiento
En 1901, unos pescadores de esponjas, descubren el barco hundido y se llevan unas cuantas cosas. Avisan al museo arqueológico y encuentran algo que pesa más de la cuenta porque está hecho de metal. Supongo que muchas de estas piezas pequeñas se han ido rompiendo a lo largo de los años, a medida que se han estudiado (figura 2).
Figura 2. Piezas que se encontraron del hundimiento.
Estudios del mecanismo
Durante los años 1905-1906, el filósofo alemán Albert Rem se interesa por el objeto. No hace nada más que mirar lo que se ha sacado del agua, es decir, no incide mucho en el tema. Pero aun así, ya se hace la idea de que se trata de un conjunto de engranajes con varias capas, con una manecilla para accionarlos y dos agujas que identifica como la aguja del Sol y la de la Luna.
Deben pasar 30 años para que otro personaje, en este caso relacionado con el Museo Arqueológico de Atenas, se fije en la máquina y haga una primera maqueta, con la aguja del sol y de la luna (figura 3). Alrededor de aquellos anillos, que ya se sabía que eran graduados, piensa que probablemente hubiera el zodíaco y un calendario.
Figura 3. Anillos graduados
Pasan 20 años más y se interesa por la máquina Derek John De Solla Price. Este señor de la Universidad de Yale pasa 20 años estudiándola -entre 1953 y 1974- hace muchas reproducciones y maquetas, y aporta una herramienta nueva: la radiografía. Con ayuda de Karakalos, radiografían las piezas y empiezan a concretar más en su interior. Descubren más ruedas y dientes (figura 4).
Figura 4. Pieza limpia y radiografiada.
Con todo ello, ya hace una primera propuesta de números de dientes, disposición de los engranajes, y llega a unas ciertas conclusiones. No es un reloj autónomo porque todavía no se había inventado un mecanismo que funcione solo, pero con una manecilla se mueven dos ruedas, las cuales mueven otras. Habla de un mecanismo diferencial, que al final se demostrará que no es diferencial. Con esto, ya nos podemos hacer un poco la idea de la complejidad de esta máquina. Estamos en el año 1974 (figura 5).
Figura 5. Diagrama sectorial del sistema de engranaje completo.
En 1989 aparecen Michael Wright con su socio Allan Bromley. Uno es inglés y el otro australiano. Y en un año vuelven a hacer radiografías, corrigen todo lo que Price había dicho y obtienen un número de dientes diferentes. Tienen un poco más definido el ciclo del Sol y de la Luna; hablan del Saros y de una aguja auxiliar que aún no saben muy bien qué marca, pero proponen que los anillos marcan eclipses, o sea que encuentran que posiblemente la máquina era un indicador o una calculadora de eclipses de sol y de luna (figura 6).
Figura 6. Maqueta de Michael Wright.
Cuando Allam Bromley muere, Michael Wright continúa con su investigación. Wright no le ha puesto fecha de finalización porque todavía hoy sigue estudiando la máquina. Ha hecho muchos prototipos de maquetas, de estudios, de proposiciones, de publicaciones, etc. Era conservador del Museo de la Ciencia de Londres y en sus horas libres la estudiaba, convirtiéndose en el verdadero experto en esta máquina.
En la parte de arriba de la máquina hay un espacio vacío, y él está convencido de que no podía estar vacío, sino que no hemos encontrado las piezas que llenaban ese espacio. Coge la idea de Albert Rem según la cual probablemente también estaban los indicadores de los planetas. Por lo tanto, hace su réplica, corrige los anillos que hay en la parte trasera de la máquina (ya no son concéntricos, sino que tienen forma en espiral) y pone tres agujas auxiliares y sus brazos. Ahora la máquina indica la posición del Sol, de la Luna y de los cinco planetas conocidos en la época.
Naturalmente, para que las agujas marquen unas esferas con espiral, estas agujas deben ser telescópicas. Después, otros investigadores, estudiando mejor los restos, demostrarán que efectivamente, los brazos son telescópicos.
Writght afirma que en esta máquina los planetas no solo giran alrededor de la eclíptica y marcan el calendario, sino que además tienen velocidades irregulares. Recordemos que en aquella época no se sabía que los planetas describen elipses, pero sí se sabía que giran a velocidades irregulares, y además retrogradan. La retrogradación está implícita en el mecanismo. Para hacer esto, al girar la rueda, hay una biela conectada con un botón. Se trata de un mecanismo bastante elemental para imitar el movimiento de retrogradación de los planetas.
Es posible que Michael Wright se hubiera inventado todo este sistema de bielas y ruedecitas porque en ninguna radiografía se ha visto nada similar. Lo que sí se ve es el mecanismo de la velocidad angular variable, que está probado. Para conseguir esto, hay que poner dos ruedas, la principal que gira regularmente y la secundaria que no está centrada con la otra -es excéntrica- y su velocidad cambia, se acelera y se frena sucesivamente. Y si esta excentricidad la regulamos, podemos imitar las diferentes velocidades irregulares de cualquier planeta.
También descubre en las radiografías un engranaje con ángulo recto que está en medio de la aguja del Sol y de la Luna, de manera que cuando estas dos agujas giran, permite ver las fases de la luna. Cuando la luna está lejos del sol, la Luna se verá blanca, y cuando está cerca del Sol se verá negra. Es un engranaje bastante elemental, pero efectivo (figura 7).
Figura 7. Mecanismo de las fases de la luna.
Michael Wright se pregunta cómo los griegos hacían todo esto porque hay dientes muy pequeños, propias de relojería, y a los griegos no se les conoce ningún reloj tan pequeño. Hace una demostración y muestra cómo se puede hacer una ruedecita con el material que tenían los griegos: lima, cincel y compás. En una hora hace una ruedecita de unos 50 dientes. En este mecanismo la rueda con más dientes tiene 224 y la que tiene menos tiene 12.
Toni Freeth
En 2005 aparece Toni Freeth, quien se rodea de un gran equipo de expertos en diferentes materias y le da un nuevo impulso al conocimiento de la máquina. Él es quien populariza la máquina.
Lo primero que hace es llevar escáner tomográfico de entre 8 y 16 toneladas al Museo Arqueológico de Atenas. El resultado obtenido es espectacular porque ahora ya prácticamente todos los dientes se pueden contar perfectamente. Y hace una reconstrucción del diseño de los engranajes de la máquina.
Llena todos los vacíos que quedaban. Se ven los mecanismos de las velocidades irregulares, todos los engranajes para el Saros: el exeligmos para predecir eclipses, el metónico, el calípico, el calendario lunisolar, y arriba la Luna y el Sol con el engranaje de 90º para obtener las fases lunares (figura 8).
Figura 8. Reconstrucción del diseño de engranajes interior por Freeth.
Y también dice que, probablemente, en medio de la máquina falta algo, quizás un mecanismo planetario. Por lo tanto, todo lo que se quiera inventar, se puede inventar. Y también dice que seguramente había una aguja para marcar las Olimpiadas, que en Grecia era muy importante (una olimpiada es un periodo de 4 años).
Michael Wright no está dentro del equipo de Freeth, no quiere entrar porque considera que Freeth le está robando las ideas, y de hecho todo lo que dice Freeth ya lo había dicho antes Wright.
En la máquina también aparece un poco de texto, y ya en 1974 Price había tenido problemas para leerlo. Hizo fotografías con iluminación oblicua y directa, pero resulta bastante ilegible. Freeth se lleva un fotógrafo muy especial: utiliza un multi-flash, que es una cúpula con 50 flashes y de cada texto hace 50 fotografías desde 50 direcciones diferentes. No se trata de leer cada una de las 50 fotografías, sino de sobreponerlas y obtiene un resultado al máximo de definido. Que haya texto significa que, quien fabricó la máquina no la hizo para sí mismo, sino que la hizo para otros porque lleva las instrucciones. Y aquí llegamos a la conclusión que seguramente sí estaban los planetas porque, precisamente, todos los textos identificados tienen que ver con los nombres de los planetas.
El trabajo de Freeth tiene mucho mérito, pero para mí Wright tiene más, por sus contribuciones sobre las agujas de los planetas con retrogradaciones y velocidades irregulares, la aguja del sol, la de la luna con las fases y el engranaje con ángulo recto.
John Hugh Seiradakis
Cuando Freeth muere, aparece el griego Seiradakis, relacionado con el Museo Arqueológico de Atenas. Hace también su interpretación, pero no aporta mucha cosa más (figura 9).
Hay que pensar que esta máquina de engranajes tiene un error de sólo dos milésimas de error en los dientes contados de la máquina. Por lo tanto, los griegos no sólo sabían filosofía, sino que también sabían matemáticas y sabían de manecillas.
Figura 9. Esquema de los trenes de engranajes de la máquina de Antikythera, visto desde la parte posterior.
En la esfera trasera está el ciclo metónico, de 19 años, con 235 meses lunares; el ciclo de la olimpiada, de 4 años; y el ciclo calípico, que es el mismo que el ciclo metónico pero multiplicado por 4, es decir, de 76 años.
El ciclo Metónico viene de Metón de Atenas, que era un sabio matemático del siglo V a.C. Es el ciclo común múltiple aproximado entre el sol y la luna. 19 años solares son 235 meses lunares casi exactamente (con una diferencia de solo dos horas). Por lo tanto, es un ciclo bastante cerrado, lo que significa que cada 19 años, las mismas fechas del año se corresponden con las mismas fases de la luna.
El Saros (palabra babilónica) es un periodo de 6.035,32 días (algo más de 18 años y 10-11 días) en el que el sol y la luna vuelven a estar en la misma posición en el cielo, y eso es lo que nos permite calcular el ciclo de los eclipses. Por definición, un Saros son 223 meses lunares. Conocido desde hace miles de años, es una manera de predecir futuros eclipses. La máquina de Anticitera quizá es un reflejo de lo que ya se conocía, convertido en máquina.
X. Moussas
En 2021, Moussas pone dos agujas en lugar de una, en el espacio de las olimpiadas. Si este señor piensa que aquí había más de una aguja, también puede ser verdad porque los Juegos Olímpicos no sólo se hacían en Olímpia, sinó también en Delos y en Atenas, y no coincidían en el tiempo. Nosotros conocemos sólo unos Juegos Olímpicos, pero en Grecia había muchos juegos, llamados panhelénicos (juegos para todos los griegos). Si se hacían unos juegos en Olímpia y otros en Delos ¿por qué no podía haber varias agujas?
Máquina de Anticitera en la actualidad
En el Museo Arqueológico de Atenas hay una máquina de Antikyhera a escala 1:4. Y además hay una realidad virtual que nos permite navegar por dentro de los restos de la máquina. Y en la Universidad de Sonora, en México, han hecho una réplica a escala 1:10, impulsada por un reloj de campanario. Esta máquina funciona automáticamente, siguiendo los ciclos que debe marcar.
Figura 10. Réplica de la máquina de Anticitera en el Museo Arqueológico de Atenas
Orígenes (II)
¿De dónde sale esta máquina? Algunos estudiosos han sugerido que el autor podría haber sido Posidonio de Rodas (Apamea 125 aC – Roma 51 aC), un científico y académico de intereses universales como la historia, geografía, física, meteorología, astronomía, matemáticas...
Lo que sí es cierto es que la máquina de Anticitera no debió ser única, porque si nosotros la hemos encontrado, lo lógico es pensar que no hemos encontrado una pieza única. Y, además, al tener instrucciones, se debían construir más.
Lo que sí sabemos, porque nos lo explica Cicerón (106 aC – 43 aC), es que el cónsul Marcelo, cuando conquistó Siracusa en el año 214 a.C. (con la muerte de Arquímedes), volvió a Roma con un botín entre el que había al menos dos máquinas astronómicas hechas por Arquímedes. Debemos aclarar que la máquina de Anticitera no es de Arquímedes, aunque las que fabricó este sabio debían ser precedentes de ella.
La máquina de Anticitera reproduce los movimientos de los astros y el ciclo de los eclipses para que sea fácil de calcular. Pero Cicerón dice que la máquina que hace Arquímedes es una nueva clase de globo, en el que constan los movimientos del sol, la luna y de las cinco estrellas errantes. Wright también hizo una posible reproducción de esta esfera de Arquímedes con todos los engranajes necesarios para mover el Sol, la Luna y los planetas. Son, más o menos similares de los que construyó para hacer la máquina de Anticitera.
No podemos dejar de decir que Tales de Mileto (625 aC. – 548 aC.) ya preveía los eclipses. Explica el historiador Heródoto (484 aC. – 425 aC.) que en la guerra entre los lidios y los medos, en el quinto año de la guerra, en una batalla que tuvo lugar de día, se hizo repentinamente de noche. Tales de Mileto ya había anunciado a los jonios aquel eclipse para ese día. Seguramente lo hizo con los mismos cálculos que también hacían los babilonios.
También se dice que el primer globo de aquella clase había sido construido por Tales de Mileto. Seguramente era un globo fijo, sin engranajes. Después vendría la máquina de Arquímedes y luego la máquina de Anticitera. Hay una evolución lógica de estas máquinas.
Y después de Anticitera la evolución continuó. En el siglo VI, 650 años más tarde, encontramos máquinas parecidas a la de Anticitera, con textos en griego, pero quizás habían más de por medio que no nos han llegado. El saber griego pasó a manos de los árabes, y ya en el año 1000 encontramos una máquina llamada la Caja de la Luna, hecha por Al Biruni. En 1200 encontramos un astrolabio con engranajes, y en 1300 apareció una especie de máquina de Anticitera porque hace lo mismo: proporciona las posiciones de los planetas, del sol y de la luna, pero ya de una forma automatizada, porque el reloj ya estaba inventado.
Coloquio
¿Qué energía utilizaba la máquina de Anticitera?
La máquina de Anticitera se movía con una manivela a mano, no estaba automatizada. Cada día, o cada varios días había que mover la manecilla.
¿Por qué Michael Wright no se conforma en hacer solo un prototipo, sino que hace muchos?
Porque en cada prototipo descubre alguna nueva función de la máquina. Por lo tanto, cada máquina que construye es más evolucionada.
¿Podríamos decir que la máquina de Anticitera es el primer ordenador analógico conocido?
Es una calculadora. Si un ordenador es una calculadora, entonces sí. Analógico también, evidentemente, porque no es electrónico, no tiene chips. Es una máquina de calcular porque tú le das un movimiento a la manivela y él te va dando resultados.